El giro de agosto entre tasas y dólar

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Al cierre de agosto, el Gobierno argentino mantuvo en pie su estrategia de equilibrio entre tasas de interés, tipo de cambio y acumulación de reservas, aunque con un cambio de prioridades: dejó que el dólar oficial superara los $1.500 para aliviar la presión sobre las tasas. A la vez, volvió a ofrecer cobertura cambiaria cuando aumentó la demanda y el Banco Central de la República Argentina (BCRA) continuó comprando divisas, con adquisiciones por USD 61 millones en uno de los momentos de mayor tensión del mes.

El resultado dejó una cobertura cambiaria consolidada del sector público, integrado por Tesoro y BCRA, levemente menor: rondaría los USD 10.920 millones al considerar emisiones primarias, operaciones en mercados secundarios y futuros. La baja se produjo junto con una actitud más pasiva del Central en el mercado spot, orientada a no añadir presión sobre la cotización oficial.

El arranque de agosto

La tensión comenzó después de la liquidación de la última licitación de julio, realizada el viernes 31. El Tesoro debía absorber $3,75 billones, pero esa absorción no se concretó. El sistema financiero había reaccionado de forma anticipada y las tasas empezaron a subir de manera sostenida durante las ruedas siguientes.

El problema reunía dos objetivos difíciles de compatibilizar. Para sostener un dólar contenido, el sector público ofrecía cobertura cambiaria, mediante instrumentos dollar-linked y otras intervenciones. Sin embargo, las ventas de cobertura del BCRA tienen un efecto contractivo sobre la liquidez. En sentido inverso, inyectar pesos para bajar las tasas podía aumentar la presión sobre el tipo de cambio.

El pico del 19 de agosto

El miércoles 19 de agosto las tasas alcanzaron sus máximos desde febrero. La caución llegó a una Tasa Nominal Anual promedio ponderada de 28,2%, mientras que el repo entre bancos, sin contar al BCRA, alcanzó 29,4% TNA. En paralelo, el dólar se mantenía por debajo de los $1.500, un nivel que el Gobierno había señalado desde fines de julio como una barrera que estaba dispuesto a defender.

Ese mismo día, los datos monetarios registraron un aumento de $1,4 billones en la Base Monetaria. La variación fue consistente con una operación de mercado abierto del BCRA para aportar $1,3 billones de liquidez. Frente al estrés de tasas, el equipo económico modificó la prioridad inmediata: buscó contener el costo del dinero, aun cuando ello implicara aflojar la defensa del tipo de cambio.

El dólar cruza la barrera

El lunes 24 de agosto el dólar superó los $1.500. El movimiento confirmó el cambio operativo de esos días: la contención de las tasas pasó a ocupar el primer lugar. La tensión no desapareció, porque antes de terminar el mes quedaban dos pruebas vinculadas con la demanda de cobertura cambiaria.

La primera fue un nuevo fixing de instrumentos dollar-linked, que concentraba el mayor monto en circulación enfrentado hasta entonces por el Gobierno. El vencimiento podía sumar presión sobre el dólar oficial. En julio, ante una situación comparable, el BCRA había vendido cobertura en el mercado secundario, no había comprado dólares en el mercado de cambios y el Tesoro incluso había vendido divisas en el Mercado Libre de Cambios para defender la zona de $1.500.

En agosto hubo señales de intervención en el mercado secundario de instrumentos dollar-linked y también presencia en el mercado de futuros. Pero la respuesta tuvo una diferencia relevante respecto del antecedente de julio: el BCRA compró USD 61 millones y el Tesoro no parece haber vendido dólares.

La licitación de fin de mes

La segunda prueba fue la licitación, que volvió a habilitar la demanda de cobertura en el mercado primario. El Tesoro adjudicó USD 279 millones de una letra dollar-linked con vencimiento en octubre. Durante agosto, las colocaciones primarias de estos instrumentos sumaron USD 658 millones, por debajo de los USD 2.595 millones que vencerán de la letra de agosto D31G6.

Con esas decisiones, agosto cerró sin una defensa rígida del dólar en $1.500, pero sin abandonar la cobertura cuando la presión cambiaria aumentó ni el compromiso de sumar reservas. El texto original plantea que nuevas recalibraciones son probables, mientras persista la necesidad de administrar simultáneamente la tasa de interés, el tipo de cambio y la liquidez.

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