El ejercicio aeróbico mostró una mejora selectiva de las funciones ejecutivas tras la menopausia

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Un programa de ejercicio aeróbico de seis meses se asoció con una mejora más marcada de las funciones ejecutivas en mujeres posmenopáusicas que en participantes premenopáusicas y en quienes realizaron estiramiento y tonificación. El resultado surge de un análisis de un ensayo clínico aleatorizado dirigido por investigadores de Rutgers University y publicado en el Journal of Alzheimer’s Disease.

El hallazgo se concentra en capacidades como la planificación, el control de errores, la atención sostenida y la flexibilidad para cambiar entre tareas. No implica, sin embargo, una mejora general de todas las áreas cognitivas: el estudio no detectó efectos concluyentes sobre velocidad de procesamiento, memoria episódica, memoria de trabajo, atención o lenguaje. Esa especificidad es relevante porque evita presentar el ejercicio como una intervención de efecto uniforme sobre el cerebro.

Un ensayo con mujeres sedentarias y baja aptitud cardiorrespiratoria

El análisis incluyó a 93 mujeres sanas de entre 20 y 67 años que, al inicio del estudio, tenían una condición cardiorrespiratoria inferior al promedio y no realizaban ejercicio de manera regular. Los investigadores consideraron que este perfil permite observar con mayor claridad el impacto de iniciar una rutina física estructurada en una población que se parece a muchas mujeres de mediana edad, cuando suelen combinarse sedentarismo, cambios hormonales y mayores exigencias de cuidado o trabajo.

Las participantes fueron distribuidas al azar en dos grupos durante seis meses. Uno realizó actividad aeróbica cuatro veces por semana, mientras que el otro siguió un programa de estiramiento y tonificación utilizado como control activo. Cada sesión duraba una hora e incluía períodos de calentamiento y vuelta a la calma, de modo que la comparación no enfrentó ejercicio contra inactividad, sino dos modalidades con exigencias fisiológicas distintas.

El plan aeróbico incrementó gradualmente su intensidad hasta alcanzar el 75% de la frecuencia cardíaca máxima. Las actividades incluían caminadora, bicicleta fija y máquina elíptica. La rutina de control se centró en flexibilidad, movilidad y fortalecimiento de la zona media del cuerpo, con una demanda cardiovascular menor. Durante el entrenamiento no se registraron eventos adversos, según los datos comunicados por la universidad.

La diferencia apareció a los tres meses y se sostuvo al final

Del total de la muestra, el 43% fue clasificado como posmenopáusico. Setenta y seis participantes completaron al menos tres meses de intervención y 66 llegaron a la evaluación final. Las mediciones cognitivas realizadas durante el ensayo mostraron mejoras en funciones ejecutivas a los tres meses, que continuaron a los seis meses. La ventaja fue más visible en el grupo posmenopáusico asignado al entrenamiento aeróbico.

Sharon Sanz Simon, profesora adjunta de psiquiatría de la Facultad de Medicina de Rutgers en Nueva Jersey y autora vinculada al trabajo, indicó que las participantes posmenopáusicas del grupo aeróbico mejoraron en pruebas estandarizadas de cambio de tarea y manejo de errores. Esas mediciones examinan la capacidad de ajustar una respuesta cuando cambian las condiciones, detectar equivocaciones y reorganizar la conducta frente a una nueva demanda.

Estas habilidades tienen un peso concreto en la autonomía cotidiana: ayudan a organizar una secuencia de actividades, sostener prioridades, adaptarse a imprevistos y evitar errores repetidos. Su deterioro puede aparecer con el envejecimiento y también ha sido objeto de atención durante la transición menopáusica, una etapa en la que los cambios endocrinos, vasculares y del sueño pueden coincidir con quejas cognitivas.

Una señal prometedora, pero todavía no una recomendación cerrada

Los modelos estadísticos identificaron una interacción significativa entre el tiempo de seguimiento, el tipo de ejercicio y el estado menopáusico para las funciones ejecutivas. El resultado sugiere que la respuesta al entrenamiento podría variar según la etapa reproductiva, aunque no establece por sí solo un mecanismo biológico ni permite concluir que toda mujer posmenopáusica obtendrá el mismo beneficio.

El equipo también evaluó el estradiol para determinar si los cambios hormonales vinculados a la actividad física podían explicar la mejoría cognitiva. No encontró variaciones significativas en los niveles de esta hormona ni una relación clara entre estradiol y el desempeño observado. Esto desplaza el foco hacia otras explicaciones posibles, como adaptaciones cardiovasculares, metabólicas, inflamatorias o cerebrales asociadas al ejercicio, que deberán analizarse de forma directa en futuras investigaciones.

La relevancia sanitaria del tema está ligada a que las mujeres concentran una proporción mayor de los diagnósticos de enfermedad de Alzheimer y a que la inactividad física figura entre los factores modificables relacionados con el riesgo de demencia. La menopausia no debe interpretarse como una causa aislada de deterioro cognitivo, pero sí como un período en el que convergen modificaciones hormonales y de salud cardiovascular que justifican intervenciones preventivas mejor estudiadas.

Limitaciones que exigen estudios diseñados para esta pregunta

Los propios autores advierten que se trata de un análisis post hoc: la investigación original no había sido diseñada específicamente para comparar el efecto del ejercicio según el estado menopáusico. Además, la muestra se reduce al separar a las participantes en subgrupos, lo que limita la precisión de las estimaciones y aumenta la necesidad de replicar los resultados en cohortes más amplias y diversas.

La clasificación del estado menopáusico se basó en gran medida en el autorreporte y el estudio no distinguió con precisión entre perimenopausia y posmenopausia. Esa diferencia es importante, ya que la transición menopáusica puede incluir fluctuaciones hormonales y síntomas que no son equivalentes a los de la etapa posterior al cese definitivo de la menstruación.

El estudio aporta una señal concreta para orientar nuevos ensayos: evaluar qué modalidades aeróbicas, intensidades y duraciones producen cambios cognitivos sostenibles y en qué grupos de mujeres. Por ahora, los datos respaldan el valor potencial de incorporar actividad aeróbica regular en estrategias de salud durante y después de la menopausia, pero no sustituyen una evaluación clínica individual ni permiten fijar una prescripción única para todas las personas.

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