El dólar estadounidense cerró las operaciones del 4 de septiembre en 40,24 pesos uruguayos, según datos de Dow Jones. La cotización registró una suba diaria de 1,26% frente al cierre previo, situado en 39,73 pesos. El movimiento representa una aceleración relevante para una jornada, aunque todavía no modifica por sí solo la trayectoria general del mercado cambiario uruguayo.
En la comparación semanal, la moneda estadounidense acumuló un descenso marginal de 0,08%. En cambio, frente al mismo período del año anterior, avanzó 2,96%. La combinación de estos datos muestra un mercado sin una dirección uniforme en el corto plazo: el salto de la última sesión convive con una variación semanal prácticamente estable y con una apreciación moderada del dólar en el horizonte interanual.

Una suba diaria dentro de un escenario todavía estable
La evolución reciente del tipo de cambio sugiere que el peso uruguayo atraviesa una etapa de ajustes graduales, más que un proceso de depreciación acelerada. La cotización del dólar mostró una tendencia positiva en los últimos días después de un período de estabilidad, pero los indicadores de volatilidad apuntan a que el mercado continúa relativamente contenido.
La volatilidad actual se ubicó en 13,38%, por debajo del nivel de referencia de 14,65%. Esta diferencia indica que las fluctuaciones observadas permanecen dentro de un rango acotado en relación con su comportamiento habitual. En términos operativos, el dato reduce la probabilidad de interpretar el aumento diario como el inicio confirmado de un cambio brusco de tendencia, aunque no elimina la posibilidad de nuevas variaciones en las próximas ruedas.
Para hogares y empresas, el impacto de una suba puntual depende de la exposición que tengan a la moneda extranjera. Los importadores pueden enfrentar un aumento de costos si el peso pierde valor, mientras que los exportadores reciben una conversión más favorable de sus ingresos en dólares. En los consumidores, el efecto suele transmitirse de manera indirecta, especialmente a través de bienes importados, combustibles, tecnología y otros productos con precios vinculados al mercado internacional.
Qué esperan los analistas para el cierre de 2026
La última encuesta de expectativas difundida por el Banco Central del Uruguay (BCU) proyecta una suba leve del tipo de cambio hacia el final de 2026. La mediana de los analistas ubica el dólar en 38,98 pesos para enero y en 39,33 pesos para junio. Para diciembre, la estimación asciende a 40,19 pesos por dólar, un nivel prácticamente alineado con la cotización observada en el cierre del 4 de septiembre.
El conjunto de especialistas consultados presenta una trayectoria similar, aunque con valores diferenciados: prevé 38,92 pesos en enero, 39,48 en junio y 40,19 al finalizar el año. La cercanía entre la cotización efectiva y la proyección anual puede leerse de dos maneras. Por un lado, sugiere que el mercado no está muy alejado de las expectativas formuladas por los analistas. Por otro, obliga a revisar si el movimiento reciente responde a factores transitorios o si anticipa una actualización de esas previsiones.
Para fines de diciembre de 2027, los especialistas esperan que el dólar alcance 41,46 pesos uruguayos. El pronóstico supone una depreciación gradual de la moneda local, compatible con un escenario de ajustes moderados y sin una disrupción cambiaria. Sin embargo, las proyecciones no constituyen compromisos de política económica: pueden cambiar ante variaciones en las tasas internacionales, los precios de las materias primas, el flujo de capitales o las condiciones regionales.
Una economía con crecimiento moderado e inflación bajo control
Las expectativas macroeconómicas del BCU muestran un panorama de expansión limitada para Uruguay. Los analistas estiman un crecimiento del Producto Bruto Interno de 1,87% en 2026, 1,85% en 2027 y 1,92% en 2028. Estos valores representan una revisión a la baja respecto de la encuesta de julio del año pasado, cuando se esperaba un crecimiento de 2,47% para 2026.
La amplitud de las previsiones para este año, entre 1,50% y 2,30%, refleja diferencias importantes en la evaluación de la actividad económica. Una expansión cercana al 2% permitiría sostener una evolución positiva, pero no necesariamente alcanzaría para producir una mejora rápida en productividad, empleo e inversión. En este contexto, un dólar con tendencia ascendente y controlada puede funcionar como un ajuste gradual de precios relativos, aunque también encarece los insumos importados.
En materia de inflación, la mediana de las proyecciones sitúa el índice de precios al consumo en 4,40% para 2026, 4,45% para 2027 y 4,50% para 2028. La trayectoria converge progresivamente con el centro del rango meta del BCU, fijado en 4,5%. La estabilidad de los precios será un elemento decisivo para determinar cómo se absorbe la evolución del dólar: si la inflación permanece contenida, una depreciación moderada puede procesarse sin un traslado significativo a los precios internos; si las expectativas se deterioran, el mismo movimiento cambiario podría amplificar las presiones inflacionarias.
El peso uruguayo y las lecciones de su historia reciente
El peso uruguayo circula oficialmente desde 1993, cuando reemplazó a los antiguos pesos en un contexto marcado por una inflación elevada. El Banco Central fue autorizado en 1991 a emitir los nuevos billetes, con una equivalencia de 1.000 pesos anteriores por cada nuevo peso. Durante la década de 1990, Uruguay adoptó un sistema de bandas de flotación para orientar la relación entre la moneda local y el dólar.
La crisis financiera de 2002, agravada por la fuga de capitales, puso bajo presión el régimen cambiario y dificultó el control del mercado de cambios. Meses después, el país adoptó un esquema de flotación independiente, que continúa vigente. Tras la fuerte devaluación de ese año se inició un período de apreciación del peso, una experiencia que contribuyó a reforzar la importancia de preservar la estabilidad financiera y de evitar desequilibrios acumulados.
La cotización actual debe interpretarse dentro de esa trayectoria: Uruguay mantiene un régimen flexible, pero la estabilidad cambiaria depende también de la confianza, la disciplina macroeconómica y la capacidad de crecimiento. Los desafíos estructurales incluyen mejorar la competitividad, elevar el crecimiento potencial, ampliar la participación de las mujeres en la economía y transformar el sistema educativo. La evolución del dólar de los próximos meses será, por tanto, un indicador relevante, aunque no suficiente, para medir la fortaleza de la economía uruguaya.
