El dólar estadounidense inició la jornada del 4 de septiembre en Colombia con una cotización de 3.144,51 pesos, por debajo del cierre anterior de 3.159,95 pesos. La caída de 15,44 pesos equivale a una variación negativa del 0,49% y prolonga una racha de tres sesiones consecutivas de debilitamiento frente a la moneda colombiana.
Una baja diaria que confirma una tendencia más amplia
El movimiento de apertura no es un hecho aislado. Durante la última semana, el dólar acumuló una disminución del 1,73%, mientras que en la comparación interanual perdió el 17,48% de su valor frente al peso. Estas cifras muestran que la presión bajista se ha extendido más allá de una fluctuación puntual y refleja un entorno en el que los factores externos e internos han favorecido, al menos temporalmente, la apreciación de la moneda colombiana.
La volatilidad actual se ubica en 11,71%, por debajo del nivel de referencia de 13,56%. La diferencia no elimina los riesgos del mercado, pero sí sugiere que el descenso reciente se produce en un escenario relativamente menos inestable. Para importadores y empresas con obligaciones en dólares, una tasa más baja reduce el costo de algunas compras y pagos externos; para exportadores y hogares que reciben remesas, en cambio, significa que cada dólar convertido genera menos pesos.

Qué fuerzas han sostenido al peso colombiano
El comportamiento del tipo de cambio se relaciona con una pérdida de fuerza global del dólar. El informe de mercado cambiario de Bancolombia señala que durante 2025 el peso colombiano se apreció cerca del 14%, en buena medida por la depreciación internacional de la divisa estadounidense. Entre los elementos que influyeron estuvieron la volatilidad de la política comercial de Estados Unidos y la caída del 9% en el índice DXY, indicador que mide el desempeño del dólar frente a un grupo de monedas relevantes.
A ese contexto se suman los flujos sostenidos de remesas hacia Colombia. Cuando ingresan dólares por esta vía, aumenta la oferta de la divisa en el mercado local, lo que puede contribuir a reducir su precio si la demanda no crece al mismo ritmo. También incide el atractivo de las tasas de interés colombianas: una tasa local elevada puede estimular operaciones de inversión en pesos, especialmente cuando los participantes consideran que la remuneración compensa los riesgos cambiarios y financieros.
La proyección para 2026 exige mirar más allá de la apertura
El Grupo Cibest de Bancolombia estima que el dólar promediará 3.878 pesos durante 2026. La proyección resulta considerablemente superior a la cotización observada en la apertura de septiembre, por lo que no debe interpretarse como una previsión de estabilidad alrededor de los 3.144 pesos actuales. Más bien, plantea la posibilidad de una recuperación parcial del dólar o de episodios de depreciación del peso a lo largo del año, aun cuando persistan condiciones favorables para la moneda colombiana.
La diferencia entre el precio de apertura y el promedio proyectado también revela la importancia de no confundir una tendencia de corto plazo con el comportamiento esperado para todo el año. El dólar puede caer durante varias semanas y, al mismo tiempo, terminar registrando un promedio anual más alto si enfrenta presiones alcistas en otros periodos. En este caso, la previsión de Bancolombia combina la debilidad internacional del dólar con la expectativa de ajustes al alza en las tasas de interés locales, una mezcla que puede producir movimientos amplios y no necesariamente lineales.
El diferencial de tasas puede cambiar el equilibrio
En el frente monetario, la Reserva Federal redujo su tasa al rango de 3,50% a 3,75%, mientras que el Banco de la República mantuvo la suya en 9,25%. Este diferencial favorece estrategias conocidas como carry trade, mediante las cuales algunos inversionistas toman posiciones en monedas con mayores rendimientos. La entrada de capitales asociada a estas operaciones puede respaldar al peso y ayudar a explicar parte de la fortaleza reciente.
Sin embargo, el efecto depende de la confianza en la estabilidad macroeconómica y de la percepción sobre el riesgo de Colombia. Si el mercado espera que el Banco de la República eleve las tasas debido a presiones derivadas del aumento del salario mínimo, el peso podría recibir un respaldo adicional. Pero tasas más altas también encarecen el crédito interno y pueden enfriar la actividad económica, de modo que el beneficio cambiario tiene un costo potencial para empresas y consumidores.
Los riesgos fiscales y electorales siguen abiertos
El escenario previsto para 2026 está condicionado por factores que podrían revertir la tendencia actual. La incertidumbre fiscal aumentó después del recorte de la calificación soberana de Colombia realizado por una agencia internacional. Una menor valoración crediticia puede elevar la percepción de riesgo, encarecer el financiamiento externo y estimular la demanda de dólares como activo de cobertura.
El proceso electoral constituye otro elemento capaz de aumentar la volatilidad en los próximos meses. Las señales sobre el rumbo de la política económica, el manejo del déficit y la relación entre gasto público y deuda serán observadas por inversionistas nacionales y extranjeros. Por eso, la apertura en 3.144,51 pesos ofrece una fotografía favorable para el peso, pero no garantiza que el mercado haya dejado atrás las presiones que podrían llevar la tasa de cambio hacia niveles más altos.
El peso colombiano, identificado internacionalmente como COP, es administrado en su circulación por el Banco de la República. El país cuenta con monedas de 50, 100, 200, 500 y 1.000 pesos; las de 500 y 1.000 son bimetálicas para reforzar su seguridad. Sus diseños incorporan especies de la biodiversidad nacional, como el oso de anteojos, la guacamaya bandera, la rana de cristal y la tortuga caguama, un rasgo que vincula la moneda cotidiana con la identidad natural de Colombia.
