El aumento de temperaturas en zonas polares está poniendo en peligro los depósitos naturales de diversidad genética que funcionan como reserva alimentaria mundial. Estos archivos, preservados durante milenios bajo hielo, enfrentan ahora un riesgo directo por el derretimiento acelerado.
El ingeniero agrónomo José Esquinas, con más de tres décadas en la FAO, señala que el permafrost y las bajas temperaturas han actuado como conservantes naturales al eliminar agua líquida y oxígeno. Esta estabilidad permitió almacenar semillas, polen y ADN ambiental sin consumo energético, pero el calentamiento actual altera esa condición en regiones como Svalbard.

Impacto en el Banco Mundial de Semillas
El Banco de Semillas de Svalbard, que alberga más de un millón de muestras, fue diseñado bajo la premisa de temperaturas estables y permafrost permanente. Sin embargo, entre 2022 y 2024 se registró la mayor pérdida de masa glaciar en tres años consecutivos. En 2017, el deshielo ya provocó inundaciones en su túnel de acceso, obligando a reforzar instalaciones con sistemas eléctricos de respaldo.
Implicaciones para la seguridad alimentaria
La pérdida de estos repositorios reduce las opciones de recuperación agrícola ante futuras crisis climáticas o conflictos. Esquinas advierte que se desconoce el comportamiento futuro de enfermedades y condiciones de humedad, por lo que mantener la máxima diversidad genética resulta esencial. Aunque existen publicaciones periódicas sobre recursos zoogenéticos, no hay un banco mundial equivalente para animales de granja ni un marco jurídico internacional comparable al Tratado de Semillas.
La proclamación de 2025 como Año Internacional de la Preservación de los Glaciares por la ONU subraya la urgencia, pero la tendencia actual indica que muchos glaciares no sobrevivirán al siglo XXI, comprometiendo un mecanismo de salvaguarda que hasta hace poco se consideraba invulnerable.
