La llegada de Mirjana Spoljaric a Moscú el 1 de julio de 2026 representa un nuevo capítulo en el diálogo sostenido entre el Comité Internacional de la Cruz Roja y las autoridades rusas desde el inicio de la invasión a Ucrania en febrero de 2022. Esta visita de dos días se inscribe en una tradición de contactos discretos que el organismo mantiene con todas las partes en conflicto para recordarles sus obligaciones bajo los Convenios de Ginebra, sin que ello implique reconocimiento político alguno.
El conflicto ruso-ucraniano ha generado una de las crisis humanitarias más complejas de las últimas décadas en Europa. Desde el primer día de la invasión, el CICR ha mantenido presencia operativa en ambos lados de la línea de frente, lo que le permite acceder a prisioneros de guerra, facilitar el intercambio de información sobre desaparecidos y distribuir ayuda a poblaciones civiles atrapadas en zonas de combate. Esta neutralidad operativa, sin embargo, enfrenta tensiones crecientes conforme se prolonga el enfrentamiento y aumentan las acusaciones de violaciones al derecho internacional humanitario por ambas partes.
Antecedentes del marco jurídico y operativo
Los Convenios de Ginebra de 1949, ratificados por Rusia y Ucrania, establecen obligaciones claras respecto a la protección de civiles, el trato digno a los prisioneros de guerra y la búsqueda de personas desaparecidas. El CICR actúa como guardián de estos tratados, pero su efectividad depende de la voluntad de las partes de permitir el acceso. En el caso de Rusia, el diálogo se ha mantenido a través de canales establecidos desde la década de 1990, cuando el organismo intervino en conflictos en Chechenia y otras repúblicas del Cáucaso. Esta continuidad institucional explica por qué Spoljaric pudo programar reuniones de alto nivel sin necesidad de anuncios previos ni declaraciones políticas.
La Agencia Central de Búsquedas del CICR en Ginebra ha recopilado hasta la fecha más de 140.000 solicitudes relacionadas con personas desaparecidas o separadas de sus familias en Ucrania y Rusia. Cada una de estas solicitudes requiere verificación independiente y coordinación con las autoridades militares de ambos países. El volumen de casos ilustra cómo la guerra ha fragmentado familias y comunidades a una escala que supera la capacidad de respuesta de los Estados involucrados.

Impacto en la protección de la población civil
Uno de los temas centrales de la agenda moscovita es la protección de infraestructura civil crítica. Los ataques a redes eléctricas, sistemas de agua y hospitales han multiplicado el sufrimiento de millones de personas, especialmente durante los inviernos. El CICR ha documentado casos en los que la destrucción de estas instalaciones ha provocado desplazamientos secundarios y ha dificultado la entrega de ayuda humanitaria. Al insistir en la aplicación del derecho internacional humanitario, la organización busca establecer límites concretos que reduzcan el impacto de estas tácticas sobre la vida cotidiana de la población.
La experiencia en otros conflictos prolongados, como el de Siria, demuestra que el deterioro sostenido de la infraestructura civil genera consecuencias que perduran décadas después del cese de las hostilidades. La reconstrucción de hospitales y redes eléctricas exige recursos que los países en guerra rara vez poseen, lo que deja a las comunidades más vulnerables expuestas a enfermedades y pobreza estructural. La visita de Spoljaric busca precisamente prevenir que Ucrania y las zonas rusas afectadas sigan ese mismo camino.
Repercusiones en el trato a prisioneros de guerra
El intercambio de listas de prisioneros y la verificación de condiciones de detención constituyen otro eje fundamental del diálogo. El CICR ha visitado centros de detención en ambos países y ha transmitido mensajes entre detenidos y sus familias. Sin embargo, las denuncias de malos tratos y la falta de acceso regular a ciertos lugares de reclusión siguen siendo motivos de preocupación. Cada visita exitosa refuerza la expectativa de que las normas mínimas sean respetadas, mientras que cualquier negativa de acceso debilita la credibilidad del sistema de protección establecido por los Convenios de Ginebra.
El precedente de la Segunda Guerra Mundial y de conflictos posteriores muestra que el trato dispensado a los prisioneros influye directamente en la disposición de las partes a negociar intercambios y, en última instancia, en la posibilidad de alcanzar acuerdos de paz. Cuando las condiciones de detención se deterioran, aumenta el riesgo de represalias y se complica la tarea de los mediadores. Por ello, la discusión sobre los derechos de los prisioneros de guerra no es un asunto secundario, sino un elemento central para cualquier salida negociada al conflicto.
Efectos a largo plazo sobre el derecho internacional humanitario
La persistencia del conflicto ruso-ucraniano está sometiendo a prueba la vigencia de las normas humanitarias en un contexto de guerra interestatal de alta intensidad. Las discusiones que Spoljaric mantendrá en Moscú tendrán eco más allá de este caso específico. Otros Estados observan cómo Rusia responde a las solicitudes del CICR y ajustan sus propias políticas de acceso humanitario en conflictos futuros. Si el diálogo produce resultados tangibles, como mayor acceso a detenidos o información sobre desaparecidos, se fortalecerá la percepción de que el derecho internacional humanitario sigue siendo un instrumento útil. En caso contrario, aumentará el escepticismo sobre su capacidad para limitar el sufrimiento en guerras entre grandes potencias.
Además, la recopilación sistemática de información sobre personas desaparecidas genera un archivo que puede resultar valioso para procesos de justicia transicional una vez que concluya el conflicto. La experiencia en los Balcanes después de las guerras de los años noventa demuestra que los datos reunidos por el CICR han servido como base para investigaciones judiciales y para la identificación de restos años después del fin de las hostilidades. Este aspecto de la labor del organismo tiene un alcance temporal que trasciende el momento actual de la guerra.
La visita de la presidenta del CICR a Moscú, por tanto, no se limita a resolver cuestiones inmediatas de acceso y asistencia. Representa un esfuerzo sostenido por mantener abiertos los canales de comunicación que permiten aplicar, aunque sea de forma parcial, las protecciones previstas por el derecho internacional humanitario en uno de los conflictos más destructivos de las últimas décadas.
