El Departamento del Tesoro de Estados Unidos emitió una licencia temporal que permite transacciones financieras vinculadas exclusivamente a labores de emergencia tras los terremotos del 24 de junio. Esta medida llega en un momento en que Venezuela enfrenta daños generalizados en Carabobo y Yaracuy, con al menos dos sismos superiores a magnitud 7 que provocaron colapsos estructurales y desplazamientos masivos.
La decisión representa una excepción humanitaria dentro del marco de sanciones que Washington mantiene desde 2017. Sin embargo, su alcance limitado y su carácter temporal plantean interrogantes sobre si se trata de un ajuste puntual o de un primer paso hacia una flexibilización más amplia de las restricciones económicas.

Antecedentes de las sanciones y la crisis venezolana
Desde 2017, las sanciones estadounidenses han bloqueado el acceso de Venezuela al sistema financiero internacional, limitando la importación de combustible, medicinas y materiales de construcción. La medida se justificó inicialmente por la falta de garantías electorales y la represión política. En la práctica, organismos como la ONU y la Cruz Roja Internacional documentaron retrasos en la llegada de ayuda humanitaria durante la pandemia y tras inundaciones en 2021, cuando entidades bancarias rechazaron transferencias por temor a violar las normas del Tesoro.
El caso de la empresa de transporte marítimo PDVSA Shipping ilustra esta dinámica: en 2019, tres buques fueron retenidos en puertos europeos por más de 40 días debido a la imposibilidad de realizar pagos en dólares. Solo tras una licencia específica del Departamento del Tesoro pudieron reanudar operaciones limitadas. Este precedente muestra cómo las excepciones humanitarias requieren aprobación caso por caso y generan incertidumbre operativa para organizaciones de socorro.
Los sismos y la infraestructura vulnerable
Los epicentros cercanos a Montalbán y Yumare afectaron zonas con alta densidad de viviendas autoconstruidas y sistemas de agua antiguos. Reportes preliminares de Protección Civil indican que más de 12 000 personas fueron evacuadas en 48 horas y que varios hospitales perdieron capacidad operativa por daños en techos y redes eléctricas. La magnitud combinada de ambos eventos supera la registrada en el terremoto de 1967 en Caracas, que causó 240 muertes y obligó a revisar el código de construcción nacional, aunque esa revisión nunca se aplicó de forma estricta en zonas rurales.
La fragilidad actual se explica también por la falta de mantenimiento de presas y puentes durante la última década. El embalse de Guárico, por ejemplo, presentó fisuras visibles en videos difundidos tras el sismo, recordando el riesgo que ya había sido señalado en un informe de la Asociación Venezolana de Ingeniería Sísmica de 2018.
Impacto inmediato en la respuesta humanitaria
La licencia autoriza pagos a proveedores extranjeros de tiendas de campaña, generadores y equipos médicos, siempre que las transacciones pasen por canales verificados. Organizaciones como Médicos Sin Fronteras y la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja podrán ahora contratar servicios locales sin temor a sanciones secundarias. Sin embargo, el plazo de 90 días renovable impone una presión adicional sobre la planificación logística, ya que los proveedores suelen exigir contratos de al menos seis meses.
En términos prácticos, esta ventana temporal podría permitir la entrada de 40 a 60 contenedores de ayuda en las próximas semanas, según cálculos de la agencia de la ONU para la coordinación de asuntos humanitarios. No obstante, la ausencia de garantías de renovación genera un efecto disuasorio para empresas que podrían aportar maquinaria pesada de demolición y reconstrucción.
Consecuencias políticas y diplomáticas regionales
La medida llega semanas después de que varios países latinoamericanos, entre ellos Brasil y Colombia, ofrecieran asistencia técnica sin condiciones políticas. La licencia estadounidense puede interpretarse como un intento de recuperar influencia en la coordinación de la ayuda. Al mismo tiempo, el gobierno de Delcy Rodríguez ha evitado hasta ahora cualquier declaración que vincule la licencia con un posible diálogo político, manteniendo el tono de confrontación habitual.
En el plano regional, México y Argentina observan con atención si esta excepción se convierte en precedente para flexibilizar sanciones en otros contextos, como el caso de Cuba tras el huracán Ian de 2022. Analistas de la Universidad de Miami señalan que una apertura selectiva podría reducir la presión migratoria hacia la frontera sur de Estados Unidos, donde el flujo de venezolanos ha superado los 300 000 solicitantes de asilo en los últimos dos años.
Efectos económicos y de reconstrucción a mediano plazo
La reconstrucción de viviendas e infraestructura crítica requerirá importaciones valoradas en al menos 800 millones de dólares, según estimaciones del Banco Interamericano de Desarrollo. La licencia actual cubre solo transacciones vinculadas a socorro inmediato, excluyendo proyectos de mediana escala como la reparación de carreteras o la modernización de redes eléctricas. Esta limitación obliga a las autoridades locales a priorizar obras de emergencia sobre intervenciones estructurales que podrían prevenir futuras tragedias.
Empresas de ingeniería brasileñas y españolas que ya operaban en Venezuela antes de 2017 han manifestado interés en regresar bajo la nueva licencia, siempre que se amplíe el plazo. Su participación podría acelerar la reconstrucción de escuelas y hospitales, pero también plantea riesgos de corrupción si no se establecen mecanismos transparentes de licitación, un problema recurrente en proyectos financiados con fondos públicos venezolanos durante la última década.
Dimensiones sociales y sanitarias
El desplazamiento temporal de miles de familias coincide con una temporada de lluvias que suele intensificarse entre julio y octubre. Los campamentos improvisados carecen de sistemas de saneamiento adecuados, elevando el riesgo de brotes de enfermedades diarreicas y dengue. La licencia permite la compra de medicamentos y kits de higiene, pero no resuelve la escasez crónica de personal médico, ya que muchos profesionales abandonaron el país entre 2018 y 2023.
Estudios realizados tras el terremoto de Haití de 2010 demostraron que la falta de apoyo psicológico prolongado incrementa en un 35 % los casos de depresión y ansiedad en poblaciones desplazadas. Venezuela carece de programas similares a gran escala, por lo que el impacto mental de los sismos podría manifestarse durante varios años si no se destinan recursos específicos.
Perspectivas de largo plazo
La licencia temporal establece un precedente técnico que podría facilitar futuras excepciones humanitarias, pero no modifica la estructura de las sanciones. Si el gobierno venezolano logra demostrar transparencia en el uso de los fondos autorizados, es posible que Washington considere ampliaciones graduales. En caso contrario, el ciclo de aprobaciones caso por caso se mantendrá, prolongando la incertidumbre para la población afectada.
La experiencia de otros países que sufrieron desastres bajo regímenes sancionados, como Siria tras el terremoto de 2023, indica que las licencias humanitarias por sí solas no generan recuperación económica sostenida. Solo una combinación de ayuda inmediata, inversión privada y reformas institucionales puede reducir la vulnerabilidad estructural de Venezuela ante futuros eventos sísmicos.
