Dos trabajadores salen vivos de un túnel en Nepal tras nueve días, mientras persiste la búsqueda de miles de desaparecidos

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Dos empleados de la central hidroeléctrica Upper Trishuli 3A fueron rescatados con vida este viernes después de permanecer nueve días atrapados en un túnel tras las inundaciones y los deslizamientos de tierra que golpearon Nepal. El hallazgo ofrece un avance excepcional dentro de una emergencia cuyo saldo humano sigue creciendo: al menos 1.252 personas han muerto, más de 4.200 continúan desaparecidas y miles han tenido que abandonar sus hogares.

Los rescatados fueron identificados como Sanjay Sah, capataz mecánico, y Kabir Maharjan, supervisor mecánico. Ambos trabajaban en el proyecto hidroeléctrico ubicado en la cuenca del río Trishuli, una zona donde las instalaciones energéticas, carreteras y asentamientos quedaron especialmente expuestos a la fuerza de las crecidas repentinas.

Un rescate que modifica las prioridades operativas

La oficina del ministro de Energía, Biraj Bhakta Shrestha, informó que Sah y Maharjan son los primeros trabajadores localizados con vida entre más de 900 operadores hidroeléctricos reportados como desaparecidos. La cifra convierte el rescate en algo más que un episodio aislado: aporta una señal concreta de que algunos supervivientes podrían encontrarse todavía en espacios subterráneos o sectores incomunicados de las infraestructuras afectadas.

Según un asesor del Ministerio de Energía, Maharjan presenta una condición más delicada y no puede mover los brazos ni las piernas. Sah, en cambio, sufrió lesiones que inicialmente no fueron consideradas críticas. Los dos fueron evacuados en helicóptero a un hospital de Katmandú, una decisión que refleja tanto la necesidad de atención especializada como las dificultades para garantizar traslados rápidos por tierra en un territorio dañado por derrumbes.

El caso también obliga a revisar la jerarquía de búsqueda. Tras varios días de una catástrofe de esta magnitud, los equipos suelen concentrar recursos en áreas donde existen indicios de vida, accesos técnicos posibles y comunicaciones restablecibles. La supervivencia de los dos empleados confirma que los túneles, cámaras de servicio y zonas cerradas de las plantas deben ser inspeccionados con una urgencia equivalente a la de las comunidades aisladas en superficie.

El río Trishuli concentra una vulnerabilidad crítica

Las operaciones continúan en distintos proyectos hidroeléctricos situados a lo largo del Trishuli. Cientos de empleados podrían haber quedado atrapados en túneles y recintos bajo tierra cuando las inundaciones interrumpieron accesos, dañaron sistemas eléctricos y cubrieron áreas de trabajo con lodo, rocas y escombros. El Ejército de Nepal encabeza parte de las tareas de rescate en Trishuli 3A, mientras se mantienen acciones en otras instalaciones de la zona, entre ellas Trishuli 3B.

La concentración de desaparecidos en torno a infraestructuras energéticas revela un problema estructural: las centrales hidroeléctricas dependen de ríos de montaña que aportan caudales útiles para producir electricidad, pero cuya dinámica puede cambiar de forma abrupta durante episodios extremos de lluvia. En Nepal, donde el relieve acelera el descenso del agua y la inestabilidad del terreno favorece los deslizamientos, el riesgo no se limita al daño en las presas o los equipos; también alcanza a quienes trabajan en galerías y conductos de difícil evacuación.

La dimensión humana supera el alcance de un solo rescate

La localización de Sah y Maharjan ha generado esperanza, pero no altera por sí sola la magnitud de la crisis. Con más de 4.200 personas aún sin localizar, las autoridades deben distinguir entre quienes permanecen incomunicados, quienes están aislados por cortes viales y quienes podrían estar sepultados o atrapados en estructuras inundadas. Esa clasificación es decisiva para repartir helicópteros, maquinaria, personal sanitario y equipos de búsqueda técnica en un contexto de recursos limitados.

El número de desplazados añade otra capa de presión. Las familias que perdieron sus viviendas requieren alojamiento, agua potable, atención médica y vías de suministro estables, mientras las autoridades intentan restablecer servicios básicos y evaluar los daños en carreteras, puentes y redes energéticas. Una interrupción prolongada de la generación hidroeléctrica puede agravar la respuesta de emergencia al afectar comunicaciones, hospitales, bombeo de agua y logística en áreas ya castigadas.

La supervivencia bajo tierra abre interrogantes técnicos

Que dos trabajadores hayan resistido nueve días dentro de un túnel plantea preguntas que las investigaciones posteriores deberán responder: qué condiciones de ventilación había disponibles, si existieron reservas de agua o alimentos, cómo quedó la estructura tras la inundación y por qué no fue posible establecer contacto antes. Esas respuestas serán relevantes para diseñar protocolos de emergencia en obras hidroeléctricas, especialmente en instalaciones donde la evacuación depende de corredores subterráneos largos.

La prioridad inmediata sigue siendo encontrar a los desaparecidos y estabilizar las zonas de riesgo. Pero el rescate de Upper Trishuli 3A deja una lección operativa clara: en desastres que combinan inundaciones, derrumbes e infraestructuras subterráneas, la ausencia de contacto no permite descartar rápidamente la supervivencia. Mantener abiertas las búsquedas técnicas, incluso cuando las condiciones son adversas, puede determinar la diferencia entre recuperar víctimas y rescatar personas con vida.

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