El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) confirmó que un doblete sísmico de magnitudes 7.2 y 7.5, separados por apenas 39 segundos, fue el responsable de la muerte de 235 personas en la costa norte de Venezuela. Los dos eventos ocurrieron en una zona cercana de la región de La Guaira, al norte de Caracas, donde se concentraron los mayores daños y el mayor número de víctimas, según informaron las autoridades locales. También se registraron afectaciones en la capital y en localidades próximas.
Este tipo de secuencia sísmica, aunque menos frecuente que un sismo principal seguido de réplicas menores, revela la existencia de sistemas de fallas complejos. Christine Goulet, directora del Centro de Sismología del USGS en California, explicó a The Associated Press que ambos temblores resultaron de una ruptura en el límite entre las placas tectónicas del Caribe y de Sudamérica. En esa zona la placa del Caribe se desplaza hacia el este a una velocidad promedio de dos centímetros por año respecto a la placa sudamericana.
Características del movimiento y factores de daño
Goulet precisó que el movimiento correspondió a una falla de deslizamiento lateral superficial, en la que dos bloques de roca se desplazan horizontalmente uno junto al otro. Este tipo de mecanismo no genera necesariamente mayores daños que un desplazamiento vertical, ya que la magnitud de los efectos depende también de la longitud de la ruptura, las condiciones del terreno y la resistencia de las construcciones existentes. La especialista señaló que la estructura de fallas en Venezuela permite que se produzcan este tipo de dobles eventos con relativa cercanía temporal y espacial.

Por su parte, la sismóloga Lucía Lozano, de la Red Sísmica Nacional de España, señaló a EFE que, al producirse ambos sismos casi simultáneamente, incluso los instrumentos de medición pueden tener dificultades para diferenciarlos. La población suele percibir el conjunto como un único temblor muy prolongado. Lozano añadió que un terremoto de esta magnitud no rompe un punto específico, sino un área extensa que puede alcanzar unos 150 kilómetros de longitud y entre 20 y 40 kilómetros de ancho.
Antecedentes y contexto regional
Venezuela ya había registrado fenómenos similares. En septiembre de 2025 se produjo otro doblete sísmico de magnitudes 6.2 y 6.3 al oeste de Caracas. Un caso comparable ocurrió en Pakistán en 1997. Estos antecedentes demuestran que la interacción entre las placas del Caribe y Sudamérica puede generar secuencias múltiples cuando las condiciones de estrés en el sistema de fallas lo permiten. La repetición de este patrón subraya la necesidad de considerar no solo la magnitud individual de cada evento, sino también la posibilidad de que dos sismos de gran tamaño se activen casi de manera consecutiva.
El USGS estimó que existe un 99 % de probabilidad de que, durante la próxima semana, ocurra al menos una réplica de magnitud 4.0, y un 24 % de que se registre una de magnitud 6.0. Los especialistas coincidieron en que, aunque no es posible predecir nuevos terremotos con precisión, las réplicas son habituales tras eventos de esta escala y pueden prolongarse durante días, semanas, meses o incluso un año. Esta ventana de actividad secundaria obliga a las autoridades a mantener protocolos de monitoreo continuo y a reforzar las medidas de preparación en zonas de alta vulnerabilidad.
Implicaciones para la gestión del riesgo
La combinación de dos rupturas casi simultáneas plantea desafíos adicionales para los sistemas de alerta temprana y para la respuesta de emergencia. Cuando los sismos se perciben como un solo evento prolongado, la población puede subestimar la magnitud total de la energía liberada y demorar la adopción de medidas de autoprotección. Al mismo tiempo, la complejidad de la falla exige que los modelos de evaluación de riesgo incorporen escenarios de múltiples eventos en lugar de limitarse a un sismo principal aislado. Las condiciones del terreno y la calidad de las construcciones siguen siendo factores determinantes en el número final de víctimas y daños materiales.
La tragedia en la costa norte de Venezuela pone de relieve la importancia de integrar el conocimiento científico sobre dobles sísmicos en los planes nacionales de reducción de riesgo. La experiencia de otros países que han enfrentado secuencias similares muestra que la preparación sostenida, el cumplimiento de normas de construcción sismorresistente y la educación continua de la población pueden reducir significativamente el impacto de eventos de esta naturaleza.
