Divisiones marcan el 250 aniversario de EE.UU.

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Estados Unidos se prepara para conmemorar los 250 años de su independencia en un contexto de profunda polarización política que ha transformado lo que históricamente era un ritual unificador en un punto de fricción partidista. La encuesta Reuters/Ipsos revela que uno de cada cinco estadounidenses no celebrará el 4 de julio de este año, cifra que asciende a un cuarto entre los demócratas. Dos de cada cinco encuestados dudan incluso de que el país logre sobrevivir otros dos siglos y medio.

Voces locales en un condado dividido

El condado de Bucks, en Pensilvania, funciona como microcosmos de estas tensiones. Betsy Halsey, maestra jubilada de 63 años y votante demócrata, conserva recuerdos del bicentenario de 1976 pero rechaza participar en los festejos actuales. “No quiero estar en la misma fiesta que gente que se entusiasma con el futuro de nuestro país”, declaró. A pocos kilómetros, Dan Marrazzo, republicano de 70 años propietario de una lavandería, planea cocinar para familiares y amigos convencido de que el país prospera bajo la administración Trump. “La persona más pobre de Estados Unidos tiene un mejor nivel de vida que algunas de las personas más ricas del resto del mundo”, afirmó.

El condado, que Trump ganó por menos de 300 votos en 2024, ha sido escenario de disputas sobre fraude electoral, prohibición de libros y debates sobre qué versión de la historia debe enseñarse en las escuelas. Estas tensiones locales se superponen ahora con la preparación del aniversario nacional.

Dos comisiones, una misma fecha

La Casa Blanca creó el año pasado Freedom 250, una asociación público-privada que organizará la Gran Feria Estatal Americana en el National Mall. Esta iniciativa compite con America250, la comisión establecida por el Congreso que llevaba años planificando los eventos. Trump inauguró la feria con un mitin de campaña y tiene previsto otro acto el 4 de julio. Varios estados demócratas y artistas han declinado participar, alegando que la celebración se ha politizado excesivamente. La Casa de la Moneda de Estados Unidos también planea emitir una moneda de oro conmemorativa con la imagen del presidente.

El peso de la historia reciente

Tabitha Dell’Angelo, profesora universitaria de 56 años, expresó que la festividad ya no representa al país sino al mandatario actual. “Amo a mi país. Soy una estadounidense orgullosa. Pero esta celebración no se siente como una celebración de Estados Unidos, sino una celebración de Trump”. Doreen Stratton, activista que rastrea sus orígenes hasta un tatarabuelo negro libre en Filadelfia en 1776, considera el 4 de julio casi como un día de luto por el retroceso en derechos civiles. En cambio, Jim Worthington, dueño de un gimnasio y partidario de Trump, sostiene que la longevidad del experimento estadounidense merece celebrarse independientemente de quién ocupe la Casa Blanca.

Los organizadores locales enfrentan el reto de mantener eventos apolíticos. Dick Creter, responsable de celebraciones en New Hope, Pensilvania, reportó que varios residentes exigieron garantías de neutralidad antes de participar. Connor O’Hanlon, concejal demócrata de 30 años, observa que su generación ha vivido únicamente en un clima de polarización extrema y cinismo generalizado sobre el rumbo nacional.

Lecciones de aniversarios anteriores

La historiadora Beverly Gage, de Yale, recuerda que los aniversarios anteriores también coincidieron con crisis: en 1876 el país lidiaba con las secuelas de la Guerra Civil y en 1976 con Vietnam y Watergate. “A algunos de los momentos de mayor crisis en Estados Unidos les siguieron momentos de profunda transformación”, señala. En el Parque Histórico Washington Crossing, el equipo ha ampliado su investigación para incluir las contribuciones de mujeres, soldados negros y civiles, manteniendo un enfoque explícitamente apolítico. John Godzieba, policía retirado que interpreta a George Washington en recreaciones, confía en que la mayoría de los estadounidenses disfrutará del día aunque retome sus desacuerdos al día siguiente.

La pregunta que atraviesa estas voces es si aún existen principios compartidos capaces de trascender el partidismo o si la fractura actual antepone la lealtad política a cualquier noción de patriotismo común. Los testimonios recogidos en Bucks sugieren que la respuesta varía según la experiencia personal y la interpretación del presente, sin que el aniversario logre, por sí solo, cerrar esa brecha.

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