Las Faustinas, una bebida de ciruela, cítricos y mezcal, se mantienen como una de las tradiciones gastronómicas más representativas de San Gabriel, en el sur de Jalisco. Desde 2013, el municipio celebra cada tercer domingo de mayo el Festival de la Faustina, una jornada en la que la familia de su creador y los habitantes preparan hasta 800 litros para repartirlos gratuitamente entre los asistentes.
La celebración coincide con la temporada de calor y la cosecha de la ciruela amarilla, conocida en la región como jocote. Además de la bebida, el programa incluye música de banda, recorridos por el pueblo y un concurso en el que varios participantes presentan sus propias versiones. Un jurado elige la preparación ganadora de cada año, mientras visitantes de distintos lugares llegan a San Gabriel para probar la receta tradicional.

El origen de esta preparación se remonta a una tarde calurosa de 1962. Don Fausto de la Torre Larios, entonces distribuidor de refrescos y presidente municipal, se reunió con varios amigos en una tienda del barrio de La Quinta. El establecimiento contaba con una huerta en la parte trasera, donde crecían diversos árboles frutales.
En busca de una bebida para mitigar el calor, el grupo comenzó a combinar el mezcal producido en la zona con los refrescos que Don Fausto distribuía. Después incorporó los frutos disponibles en el patio: exprimieron naranjas y limones, y añadieron ciruela amarilla, el ingrediente que terminó por definir el sabor de la mezcla. El resultado agradó tanto a los presentes que decidieron bautizarla en honor a su creador. Así nacieron las Faustinas.
La preparación requiere equilibrar los sabores dulce, ácido y alcohólico. Su base es la pulpa de ciruela, responsable de la textura y el color, a la que se agregan jugo de naranja fresco, limón, sal, hielo y refresco de cola o de lima-limón. El mezcal regional completa la combinación. Debido a que la fruta y el gas del refresco disimulan buena parte del sabor del alcohol, los habitantes recomiendan consumirla con precaución.
La bebida suele servirse muy fría en grandes copas llamadas chabeleras. Aunque la receta surgió de una reunión informal, con el paso de las décadas pasó a formar parte de las actividades públicas y de la identidad culinaria de San Gabriel, municipio asociado también con la infancia del escritor Juan Rulfo.
San Gabriel pertenece a la región Sur de Jalisco y tiene una superficie de 723.47 kilómetros cuadrados, de acuerdo con el Instituto de Información Estadística y Geográfica de Jalisco. El Censo de Población y Vivienda 2020 registró 16 mil 548 habitantes en el municipio, distribuido en 63 localidades. La cabecera concentra 5 mil 109 personas, equivalentes al 30.9% de la población total.
El municipio colinda con Tolimán, Zapotlán el Grande, Tonaya, Tuxcacuesco, Zapotitlán de Vadillo, Gómez Farías, Sayula y Tapalpa. Su territorio incluye 16 mil 202 hectáreas de bosque, con especies como pino, encino, palo dulce, huizache y granjeno, además de yacimientos de cantera, sal, arena y arcilla.
Entre sus atractivos se encuentran el monumento de Cristo Rey, en el Cerro Viejo, templos, capillas, ex haciendas, espacios naturales y petroglifos prehispánicos. Desde Guadalajara, San Gabriel se ubica aproximadamente a 150 kilómetros por las rutas hacia Sayula o Ciudad Guzmán; desde esta última ciudad, el trayecto por El Jazmín es cercano a 55 kilómetros. La red de caminos, el transporte local y los recorridos hacia sus localidades permiten acceder a un destino cuya oferta combina historia, paisajes y las tradicionales Faustinas.
