Cuba compra alrededor del 80% de los alimentos que consume y gasta unos USD 2.400 millones al año en esas importaciones, en medio de una caída marcada de su producción local. Entre 2018 y 2023, la carne de cerdo bajó 95%, el arroz 87%, los frijoles 70% y la leche 58%, según el Programa Mundial de Alimentos de la ONU.
El deterioro se explica por una agricultura con pocos incentivos, controles estatales y escasez de insumos. La empresa estatal Acopio fija precios bajos, impone cuotas y limita la autonomía de los productores; además, el 79% de la tierra es estatal, aunque el sector cooperativo y campesino genera más del 80% de la producción.

La dependencia viene de un modelo centrado en el azúcar que sobrevivió al cambio soviético y se agravó tras 1991, cuando Cuba perdió a su principal comprador y proveedor de insumos. La zafra azucarera cayó de 8 millones de toneladas en 1989 a menos de 150.000 en 2024-2025, y en 2024 solo llegó al campo el 10% del combustible necesario.
Ese mismo año, apenas el 7% de la superficie agrícola tenía riego y solo el 2,7% de la inversión estatal fue a la agricultura, frente al 37,4% destinado a turismo y hostelería. El gobierno anunció en junio 176 reformas, entre ellas ampliar el usufructo de tierras y permitir más acceso de cooperativas a combustible; una empresa vietnamita en Pinar del Río reportó 7 toneladas de arroz por hectárea, muy por encima del promedio nacional de 1,6.
