La Organización Marítima Internacional ha decidido reanudar las operaciones de evacuación de buques y tripulaciones varadas en el estrecho de Ormuz tras una suspensión temporal provocada por el ataque contra un portacontenedores de Evergreen. Hasta el momento, 115 embarcaciones y 2.500 marineros lograron cruzar antes de la pausa, mientras permanecen atrapados más de 500 buques adicionales y miles de personas. La operación, coordinada con Omán, Estados Unidos e Irán, enfrenta ahora la necesidad de garantías renovadas de seguridad ante la presencia estimada de 80 minas en la zona central del estrecho.

El ataque al buque taiwanés marcó un punto de inflexión que obligó a la OMI a suspender temporalmente las evacuaciones. Arsenio Domínguez, secretario general de la agencia, ha mantenido contactos directos con autoridades marítimas iraníes y el Ministerio de Exteriores de ese país para recuperar las garantías iniciales de no agresión. Teherán, por su parte, ha reiterado su derecho histórico a controlar el tráfico en esta vía estratégica y ha advertido a sus vecinos del Golfo contra cualquier alineación con Washington.
Efectos directos sobre el transporte marítimo global
La interrupción prolongada de las evacuaciones genera un cuello de botella inmediato en una de las rutas más transitadas del planeta. Los retrasos acumulados afectan principalmente al suministro de crudo y productos refinados desde el Golfo Pérsico hacia Asia y Europa. Las compañías navieras enfrentan costos crecientes por seguros de guerra que ya superan en algunos casos el 300 % respecto a niveles previos al incidente. Los marineros varados, muchos de ellos procedentes de Filipinas, India y Ucrania, permanecen semanas adicionales a bordo con suministros limitados y sin relevos programados.
El esquema de separación de tráfico adoptado por la OMI en 1968 contempla rutas norte por aguas iraníes y sur por aguas omaníes. Sin embargo, la zona central permanece inutilizable debido a las minas. Esta situación obliga a las embarcaciones a transitar por corredores más estrechos y sometidos a mayor vigilancia militar, elevando el riesgo de colisiones y errores de navegación en un espacio reducido.
Perspectivas de los actores involucrados
Desde Teherán, el control sobre Ormuz se presenta como una herramienta de disuasión legítima frente a sanciones externas. Las autoridades iraníes insisten en que cualquier tránsito debe contar con autorización previa y rechazan la presencia de fuerzas navales extranjeras en sus aguas adyacentes. Esta postura contrasta con la visión de Estados Unidos y sus aliados, que defienden la libertad de navegación como principio del derecho internacional marítimo.
Omán ocupa una posición intermedia. Como país ribereño del sur del estrecho, ha facilitado el paso de buques por sus aguas y mantiene canales de comunicación abiertos con Irán y la OMI. Su interés principal radica en evitar una escalada que cierre completamente el estrecho y afecte sus propios puertos e ingresos por servicios de atraque y aprovisionamiento.
Las compañías navieras y los sindicatos de marineros expresan la mayor preocupación inmediata. Evergreen ha solicitado compensaciones por daños y retrasos, mientras que las federaciones internacionales de transporte marítimo exigen la creación de corredores humanitarios protegidos para el relevo de tripulaciones antes de que se agoten los víveres y el combustible de los buques inmovilizados.
Riesgos estructurales y tendencias probables
La presencia de minas explosivas representa un peligro persistente que podría extenderse durante meses. La remoción de estos artefactos requiere operaciones especializadas y acuerdos de seguridad que todavía no se han concretado. Mientras tanto, el aumento de primas de seguro encarece el transporte de crudo y presiona al alza los precios internacionales del petróleo, como ya se observó en las jornadas posteriores al ataque.
Una tendencia que se perfila con claridad es la diversificación de rutas energéticas. Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos aceleran proyectos de oleoductos terrestres que eviten Ormuz, mientras que China explora corredores alternativos a través de Pakistán. Estas iniciativas, sin embargo, requieren años para alcanzar capacidad suficiente y no eliminan la dependencia actual del estrecho para el 20 % del comercio mundial de petróleo.
El rol de la OMI como mediador técnico también enfrenta una prueba de credibilidad. Si la agencia logra restablecer las evacuaciones sin nuevos incidentes, podría consolidar su función en futuros conflictos marítimos. En caso contrario, los Estados podrían optar por soluciones bilaterales o coaliciones militares que marginen a la organización multilateral.
Escenarios de mediano plazo
Si las garantías de seguridad se concretan en las próximas semanas, la evacuación completa podría extenderse hasta finales de julio, según estimaciones de la propia OMI. Un escenario más adverso contempla nuevos ataques o la activación de minas, lo que prolongaría el bloqueo y obligaría a redirigir buques hacia el cabo de Buena Esperanza, añadiendo entre 10 y 15 días de navegación y elevando drásticamente las emisiones de CO₂ del sector.
Los mercados financieros ya descuentan un riesgo de interrupción prolongada. Los futuros del Brent han registrado incrementos superiores al 2 % en sesiones recientes, y las empresas de logística evalúan cláusulas de fuerza mayor en contratos de fletamento. Los países importadores netos de energía, especialmente en Asia, comienzan a activar reservas estratégicas para amortiguar posibles faltantes.
La combinación de minas, ataques puntuales y tensiones diplomáticas configura un entorno de alta volatilidad para el transporte marítimo durante el resto de 2026. Las decisiones que tomen Irán, Estados Unidos y la OMI en los próximos días determinarán si el estrecho de Ormuz vuelve a operar con normalidad relativa o si se consolida como zona de conflicto latente con consecuencias globales duraderas.
