El Festival Internacional de Juegos de Córdoba ha abierto este viernes las puertas de su vigésimo primera edición con una ambición renovada: consolidar el crecimiento de los juegos de mesa y acercarlos a públicos que hasta hace pocos años permanecían al margen de esta afición. La cita permanecerá abierta hasta el domingo 6 de septiembre en el Centro de Exposiciones, Ferias y Convenciones de Córdoba (CEFC), un traslado que amplía la capacidad del encuentro y marca, según sus organizadores, una nueva etapa.
Más de medio centenar de expositores participan en esta edición, entre editoriales, diseñadores, creadores, tiendas y artistas. La programación combina demostraciones y espacios de juego con sorteos y otras actividades destinadas a facilitar la participación directa. El festival no se limita, por tanto, a mostrar catálogos comerciales: funciona también como un lugar de prueba, conversación y descubrimiento en el que el público puede comprobar qué tipo de experiencia encaja mejor con sus intereses.

Un cambio de escenario para una afición que ya no es minoritaria
La inauguración ha estado marcada por el abandono del Palacio de la Merced y el estreno del CEFC como sede. La presidenta del Imdeec, Blanca Torrent, ha destacado las dimensiones, la versatilidad y las capacidades del nuevo recinto, factores que permiten reunir una oferta más amplia y ordenar mejor las distintas zonas del festival. Jesús Torres, presidente de la Asociación Cultural Jugamos Todos, ha definido el traslado y el cambio de fechas como «un nuevo comienzo» orientado a que el evento siga creciendo.
El alcalde de Córdoba, José María Bellido, ha subrayado que resulta significativo que una actividad con más de dos décadas de trayectoria conserve la voluntad de expandirse. Su valoración conecta el ocio con otras dos dimensiones presentes en el sector: el aprendizaje y la educación. Después de las intervenciones, Bellido ha cortado la cinta inaugural acompañado por los autores invitados Rob Daviau y Marcus Carleso, en un acto marcado por el tono festivo de la convocatoria.
La nueva ubicación responde a una evolución que comenzó a hacerse especialmente visible durante la pandemia. El confinamiento convirtió los juegos de mesa en una alternativa accesible para compartir tiempo dentro del hogar, pero el aumento de interés no desapareció con la recuperación de la actividad social. Para los profesionales consultados en la feria, el mercado continúa creciendo y ha dejado de depender exclusivamente de aquel impulso excepcional.
La puerta de entrada se llama sencillez
Una de las claves de esta expansión aparece en las propias reglas de los juegos. Ada Caba, cofundadora de Badan Studios, presenta en Córdoba cuatro propuestas, entre ellas un juego de batallas de aura basado en la imitación de poses como el six-seven o el mewing. El planteamiento utiliza referencias reconocibles para los más jóvenes y las convierte en una actividad compartida con los adultos. Su objetivo declarado es reunir a tres generaciones alrededor de una mesa.
La creadora defiende que los participantes deben poder empezar a jugar en apenas un minuto. La razón es práctica: unas instrucciones excesivamente complejas pueden convertirse en una barrera de entrada incluso para personas interesadas. Esta cuestión ayuda a explicar el auge de los llamados soft games, productos rápidos, intuitivos y orientados a la diversión inmediata. Gemma Sanz, de Tranjis Games, sitúa en esa línea títulos como Bomb-5, una propuesta familiar que apuesta por reglas inesperadas y un ritmo frenético.
La simplificación, sin embargo, no implica que el mercado haya abandonado los juegos exigentes. La misma editorial presenta propuestas más especializadas, como un título relacionado con los siete pecados capitales que exige mayor reflexión. En ese caso, el atractivo se apoya en una temática provocadora y en un trabajo artístico cuidado. La coexistencia de ambos modelos revela una transformación importante: el sector no busca un jugador único, sino experiencias distintas para momentos, edades y niveles de implicación diferentes.
De la mesa al periódico y a las vidrieras de Barcelona
La amplitud temática del festival confirma que el juego de mesa se ha convertido en un lenguaje capaz de representar casi cualquier actividad. En el puesto de la tienda Draco se ofrecen propuestas para recrear el día a día de una redacción periodística, construir metafóricamente las vidrieras de la Sagrada Familia o competir por el control de territorios y tribus en Dewan, uno de los títulos de estrategia más vendidos del establecimiento.
Rafael Aranda, responsable de Draco, considera que el sector atraviesa «su mejor momento» y que todavía está lejos de frenar su crecimiento. Su diagnóstico contiene una condición: la industria debe acercarse a los gustos de la gente y romper la idea de que los juegos de mesa pertenecen a un grupo cerrado de aficionados expertos. La afirmación de que existe «un juego para cada persona» no es solo una consigna comercial; refleja la creciente segmentación de la oferta y la búsqueda de públicos que antes no se reconocían en ella.
Ese proceso también se percibe entre los visitantes. Ángel Gutiérrez comenzó a jugar durante la pandemia con Catan y asegura que desde entonces la afición lo ha ido absorbiendo. Su amigo Luis se acerca con más cautela: admite que le cuesta seguir las normas y que no se le dan bien estos juegos, aunque observa con curiosidad las propuestas. La escena resume una tensión decisiva para el futuro del sector: atraer a nuevos jugadores exige mantener la profundidad que valoran los aficionados sin convertirla en un filtro de entrada.
Un ecosistema que crece alrededor de las partidas
La feria cordobesa muestra además que los juegos de mesa generan actividad más allá de las editoriales y las tiendas. La asociación de artistas Vimart, que reúne a más de 200 creadores de Córdoba, lleva a la cita ilustraciones, diseños y productos inspirados en juegos populares, como imanes, chapas, marcapáginas y llaveros. Juan Pedro Vázquez destaca que la participación permite vender, pero también establecer contactos, mostrar talento y abrir posibles oportunidades laborales.
Algo similar ocurre con los tapetes personalizados que diseña Santi Llopis, de Domingo Juegos. Se trata de un mercado de nicho, aunque cada vez despierta más interés entre editoriales, grupos de juego, asociaciones y particulares. El producto combina utilidad y expresión artística, y convierte el espacio de la partida en una prolongación de la identidad de sus participantes.
En ese entramado reside la importancia del festival: no solo presenta juegos, sino que pone en contacto a fabricantes, autores, comercios, artistas y jugadores. El traslado al CEFC ofrece una plataforma acorde con esa diversidad, pero el crecimiento dependerá de que la industria mantenga la capacidad de sorprender sin encerrarse en códigos propios. Córdoba aspira así a que jugar deje de ser una actividad ocasional o asociada a una minoría y se consolide como una práctica cultural compartida, accesible y suficientemente amplia para que cada visitante encuentre su propia puerta de entrada.
