En medio del debate promovido por la Secretaría de Educación Pública sobre posibles restricciones al uso de celulares en los planteles, Canva defendió que estos dispositivos pueden funcionar como herramientas complementarias de aprendizaje. Fernanda Montes de Oca, líder de Educación de Canva para México e Hispanoamérica, sostuvo que la escuela debe enseñar a utilizarlos con responsabilidad, en lugar de limitarse a prohibirlos.
La tecnología, como complemento
La ejecutiva advirtió que el celular no debe sustituir la enseñanza tradicional ni utilizarse durante toda la jornada. La propuesta es combinar recursos digitales con actividades de lápiz y papel, de acuerdo con la edad y las necesidades de los estudiantes. El argumento central es que el uso guiado de la tecnología puede fortalecer habilidades digitales, académicas y laborales que serán necesarias en su futura incorporación al mercado de trabajo.

Montes de Oca recordó que el internet también fue objeto de llamados a la prohibición antes de demostrar su utilidad educativa y profesional. Bajo esa lógica, el reto actual no es solo la presencia de teléfonos, tabletas o redes sociales, sino establecer reglas claras y una responsabilidad compartida entre docentes, autoridades y familias. Sin acompañamiento, la tecnología puede distraer; integrada a objetivos pedagógicos, puede ampliar las oportunidades de aprendizaje.
Canva informó que su plataforma Canva Educación ofrece contenidos alineados con la Nueva Escuela Mexicana y acceso gratuito para profesores, estudiantes y escuelas que acrediten su vínculo educativo. La solicitud requiere documentos como credencial docente, cédula profesional o una carta institucional, y la validación puede resolverse en horas o hasta un día. Sus materiales también pueden descargarse para trabajar sin conexión, una opción relevante para comunidades con acceso limitado a internet.
La plataforma señala que es utilizada por 100 millones de estudiantes y profesores en 190 países. En México, docentes consultados destacan que sus plantillas pueden reducir el tiempo destinado a elaborar materiales y atender parte de la carga administrativa escolar. El debate, por tanto, se desplaza de la prohibición absoluta hacia una pregunta más concreta: qué reglas y capacidades necesita la escuela para convertir el celular en un recurso educativo controlado.
