El Gobierno alemán ha decidido no prorrogar la reducción temporal del impuesto sobre los carburantes, que expira en dos días, al confiar en una estabilización de la situación en torno a Irán. La medida, vigente durante dos meses y con un coste de 1.600 millones de euros, buscaba moderar el impacto del alza energética derivada del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán.

El portavoz de Finanzas, Maximilian Kall, señaló que Berlín espera la reapertura fiable del estrecho de Ormuz y una estabilización económica gradual. Aunque el Ejecutivo se declara preparado para actuar si la situación se deteriora, la decisión actual refleja la evaluación de que los picos de precios ya han sido amortiguados y que no se justifican nuevos gastos públicos.
Efectividad parcial y análisis de costes
Estudios del instituto Ifo confirman que la rebaja llegó casi íntegramente a los consumidores en gasolina, pero solo en un 73 % en el caso del gasóleo, lo que implica que parte del ahorro fiscal terminó en manos de las petroleras. La Comisión de Monopolios respalda que el traslado fue mayoritario, y la Oficina Federal Antimonopolio mantiene capacidad de intervención ante abusos.
La expiración de la medida responde a un cálculo de coste-eficiencia: se trató de una herramienta temporal orientada a picos puntuales, no a una crisis estructural prolongada. Al observar de cerca los sectores más afectados, el Gobierno prioriza ahora la contención fiscal mientras evalúa si la libre navegación por Ormuz se consolida. Esta postura combina prudencia con disciplina presupuestaria, evitando extender subsidios cuando los datos sugieren una posible normalización.
