La entrega de Mirador publicada el 30 de agosto presenta una recreación de la expulsión de Adán y Eva del Paraíso, en la que Adán describe su nueva vida como una experiencia de libertad, pese al castigo impuesto tras comer la manzana prohibida.

El texto, bajo el título interno Historias de la creación del mundo, parte de la idea de que Dios cuenta con coros celestiales destinados a la alabanza. Según el relato, algunos ángeles son apartados de esas tareas para cumplir funciones específicas, como combatir, llevar mensajes, sanar o custodiar.
Después de que Adán y Eva comen la manzana, el Señor se encoleriza y los expulsa del Paraíso. Un ángel queda apostado en la entrada para impedir su regreso, pero, tras varios días de vigilancia, el guardián entabla conversación con Adán.
Ante la pregunta sobre cómo le ha ido fuera del Paraíso, Adán responde que se encuentra “espléndidamente bien”. Afirma que ahora es libre, puede comer lo que quiera y disfruta plenamente del amor. El ángel, aburrido de su tarea, le propone intercambiar lugares antes de despedirse con un “¡Hasta mañana!”.
