Desde 2014, al menos 1.449 mujeres han fallecido o desaparecido en las rutas migratorias de las Américas, según el Proyecto Migrantes Desaparecidos de la OIM. Esta cifra forma parte de un total de 11.492 casos documentados, pero representa solo una fracción del problema real por la falta de datos oficiales desagregados por sexo y la dificultad de registrar muertes en zonas remotas o marítimas.

Los datos revelan concentraciones letales: 795 muertes en la frontera México-Estados Unidos, 225 en el Caribe, 103 en el Darién y 112 en Sudamérica. Estas cifras evidencian una crisis estructural donde las mujeres enfrentan riesgos agravados por violencia de género y crimen organizado, además de la privación de servicios básicos durante el trayecto.
Invisibilidad y vacíos de información
La escasa identificación de víctimas y la ausencia de desglose por género convierten a estas muertes en un fenómeno aún más invisible. Cuando una mujer migrante fallece, no solo pierde la vida: su identidad y circunstancias desaparecen del registro público, lo que impide diseñar respuestas específicas. La OIM advierte que los números actuales subestiman la magnitud real debido a fallas en la recolección oficial.
Razones de migración y riesgos adicionales
Entrevistas de la OIM muestran que el 54 % de las mujeres migran por motivos económicos, 31,5 % por reunificación familiar y solo 3 % por necesidad de protección. ONU Mujeres añade que un 8 % de las que transitaron Centroamérica en 2024 estaban embarazadas, enfrentando amenazas de aborto por falta de atención médica. Esta combinación de factores económicos, familiares y de violencia exige políticas regionales que reconozcan las vulnerabilidades específicas de las mujeres en movimiento.
