PROGRESO.— La flota pesquera de Yucatán se prepara para iniciar este miércoles 1 de julio la temporada de captura de langosta en el arrecife Alacranes, a 65 millas al norte de Progreso. Las autoridades y cooperativas estiman una producción de 700 toneladas, 50 más que el ciclo anterior, gracias a las labores conjuntas de vigilancia que han reducido la pesca ilegal en la zona.
Mariano Canul Uicab, presidente de la Federación Regional de Cooperativas Pesqueras del Centro y Poniente de Yucatán, informó que 25 embarcaciones con permisos zarparán desde mañana. Cada barco transportará entre 15 y 18 pescadores, en su mayoría originarios de Timucuy y Bokobá, quienes realizarán buceo para extraer el crustáceo. La inversión por unidad oscila entre 250 mil y 300 mil pesos en combustible, hielo y víveres, más otros 100 mil pesos destinados al mantenimiento de motores y equipo de buceo y comunicación.

Contexto de las principales pesquerías estatales
La langosta representa la tercera pesquería en importancia económica para Yucatán. La primera es el pulpo, que se desarrolla del 1 de agosto al 15 de diciembre, mientras que la captura de mero, segunda en relevancia, comenzó el 1 de abril y concluirá el 31 de enero de 2027. Esta secuencia temporal permite a las comunidades pesqueras distribuir sus esfuerzos a lo largo del año y mantener ingresos más estables. El arrecife Alacranes, principal zona de extracción de langosta, ha sido objeto de mayor atención por parte de la Armada de México y la Comisión Nacional de Acuacultura y Pesca (Conapesca), que en días recientes interceptaron una lancha con tres pescadores furtivos que transportaban 250 kilos de pepino de mar en veda.
Impacto de las acciones de vigilancia
La presencia del buque “Sharkwater” de la organización Sea Shepherd Conservation Society ha reforzado las labores de inspección junto con autoridades estatales. Estas operaciones han generado expectativas más optimistas entre los productores, quienes anticipan no solo un mayor volumen de captura, sino también una mejora en el precio pagado al pescador: se prevé que alcance 700 pesos por kilo, frente a los 600 a 650 pesos registrados en la temporada anterior. El incremento responde, en parte, a la reducción de la oferta ilegal que anteriormente saturaba el mercado y presionaba los precios a la baja.
El crustáceo tiene una demanda consolidada en mercados internacionales, principalmente China, Estados Unidos y Europa. Las empresas compradoras se encargan del procesamiento y envío, lo que genera divisas y empleos indirectos en la cadena de frío y logística portuaria. Sin embargo, la sostenibilidad de estos volúmenes depende de que las medidas de control continúen durante los ocho meses que dura la temporada, que se extenderá hasta el 28 de febrero de 2027.
Desafíos estructurales y perspectivas económicas
Aunque las proyecciones son favorables, persisten riesgos asociados a la pesca furtiva y a posibles variaciones en las condiciones oceanográficas que afectan la reproducción de la especie. Los pescadores de las comunidades mencionadas dependen casi exclusivamente de esta actividad durante la temporada, por lo que cualquier disminución en la captura impactaría directamente sus ingresos familiares. Las inversiones realizadas en equipamiento reflejan el compromiso del sector con una operación más profesional, pero también evidencian la necesidad de contar con recursos suficientes para cubrir los costos operativos antes de recibir los primeros pagos.
La experiencia de temporadas previas muestra que la colaboración entre dependencias federales, estatales y organizaciones internacionales puede traducirse en mejores resultados biológicos y económicos. No obstante, el éxito final dependerá de que estas acciones se mantengan de manera constante y de que los productores cumplan con las normas de talla mínima y zonas de protección establecidas. De esta forma, la meta de 700 toneladas no solo representa un objetivo de volumen, sino también una oportunidad para consolidar prácticas más ordenadas en una de las pesquerías clave del estado.
