El centro municipal La Casita de Córdoba, inaugurado en abril de 2024, ha logrado que todos los jóvenes extutelados que han pasado por sus instalaciones accedan a una vivienda independiente y a un empleo estable. Este resultado se basa en un modelo que combina alojamiento, formación personalizada y orientación laboral, gestionado por la Fundación Don Bosco bajo supervisión del Ayuntamiento.
Desde su puesta en marcha, el recurso ha atendido a 22 personas de entre 18 y 25 años, con una estancia media prevista de seis meses prorrogables hasta tres meses adicionales según las necesidades individuales. Trece de estos jóvenes ya han completado su itinerario, mientras que otros nueve se encuentran en las fases finales del proceso.
El origen y funcionamiento de La Casita
La Casita dispone de diez plazas residenciales y no se limita a ofrecer techo. Su objetivo es desarrollar competencias para la convivencia, la gestión económica y la disciplina formativa, elementos esenciales para la emancipación de menores que han estado bajo tutela pública hasta la mayoría de edad. Tanto nacionales como extranjeros en situación de desamparo participan en itinerarios que integran desarrollo personal, formación reglada y apoyo directo para acceder al mercado laboral.
La ocupación ha permanecido cercana al cien por cien durante todo el año. En el primer semestre de 2026, cuatro jóvenes finalizaron su formación y accedieron a un puesto de trabajo; seis más ya están empleados, uno obtuvo un ciclo formativo de grado superior y dos realizan prácticas en empresas cordobesas. Siete nuevos participantes se incorporaron en ese mismo periodo, lo que evidencia la demanda continua del recurso.

Resultados medibles y sectores de inserción
Los datos facilitados por el Ayuntamiento muestran que el 100 % de los participantes que han concluido el programa han alcanzado vivienda autónoma y empleo. Las inserciones laborales se concentran en sectores con alta demanda en Córdoba: ayuda a domicilio, soldadura, hostelería, industria del cobre, fabricación de puertas y servicios de limpieza. Esta alineación entre formación y necesidades locales reduce el tiempo de transición al mercado y aumenta la probabilidad de estabilidad laboral.
El modelo de itinerario individualizado permite adaptar la duración y los contenidos a cada perfil. Cuando la situación personal o formativa lo requiere, se activa una prórroga que evita abandonos prematuros. Esta flexibilidad, combinada con el seguimiento posterior, explica por qué hasta ahora ningún joven que ha pasado por La Casita ha quedado sin vivienda ni trabajo al finalizar el proceso.
Colaboración institucional y optimización de recursos
La Fundación Don Bosco coordina su actuación con Servicios Sociales, Protección de Menores, Casa de Acogida Municipal, Provivienda, CIC Batá, APIC, Cruz Roja y Fundación Diagrama. Esta red evita duplicidades y garantiza que cada joven reciba el apoyo preciso en cada fase: desde la atención psicológica inicial hasta la búsqueda de alojamiento definitivo y la intermediación con empresas.
El trabajo en red constituye un factor determinante del éxito. Al compartir información y derivaciones de manera ordenada, los recursos públicos se utilizan con mayor eficiencia y se reduce el riesgo de que los jóvenes queden desatendidos tras cumplir los 18 años, momento en que finaliza la tutela administrativa.
Contexto y retos estructurales
Los menores extutelados enfrentan dificultades específicas para la emancipación: menor acceso a redes familiares de apoyo, trayectorias educativas interrumpidas y barreras administrativas para la obtención de documentación o vivienda. La Casita aborda estas carencias mediante un enfoque integral que combina residencia temporal con formación orientada al empleo real.
La experiencia de Córdoba muestra que la combinación de plazas limitadas, seguimiento intensivo y coordinación interinstitucional puede producir resultados consistentes. Próximamente se liberará una plaza, lo que permitirá incorporar a un nuevo participante y mantener el ritmo de atención sin interrupciones.
El programa sigue en funcionamiento con el mismo nivel de ocupación y los mismos mecanismos de seguimiento, lo que permite observar su evolución a medio plazo y ajustar los itinerarios según las demandas del mercado laboral cordobés.
