El vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, afirmó que los enfrentamientos con Irán no constituyen una guerra y evitó fijar una fecha para el fin de las hostilidades, que ya entran en su séptimo mes. Sus declaraciones reflejan la dificultad política de la administración de Donald Trump para presentar el conflicto como una operación concluida, mientras los combates vuelven a intensificarse y no existen negociaciones diplomáticas activas.
Washington condiciona el fin del conflicto
En una rueda de prensa en la Casa Blanca, Vance sostuvo que Estados Unidos puso fin a las principales operaciones de combate contra Irán y que actualmente no hay enfrentamientos activos, aunque reconoció nuevos focos de escalada durante esta semana. La explicación busca diferenciar entre una campaña militar terminada y acciones puntuales todavía en curso, pero la reanudación de los ataques mantiene abierta la posibilidad de una nueva escalada.
El principal objetivo de Washington, según el vicepresidente, es impedir que Teherán continúe interrumpiendo el transporte comercial de petróleo en el estrecho de Ormuz. Estados Unidos atribuye a sus operaciones el haber evitado una crisis energética mundial más amplia, en un contexto de presión sobre los mercados y de aumento de los precios de la gasolina.

Vance rechazó comprometerse con un calendario porque considera que el conflicto no podrá terminar mientras Irán siga disparando contra buques mercantes. También descartó negociaciones mientras continúen esos ataques. La ausencia de una salida diplomática y la dependencia del tráfico marítimo para estabilizar el suministro energético dejan el desenlace en manos de una condición difícil de controlar: que Teherán detenga sus acciones en el mar.
El costo interno aumenta para el gobierno de Trump. La guerra ha reducido los índices de aprobación presidencial y encarecido el combustible, dos factores especialmente sensibles antes de las elecciones legislativas de noviembre. La estrecha mayoría republicana en el Congreso podría convertir la duración del conflicto y sus efectos económicos en un problema electoral, sobre todo si Washington no logra demostrar avances concretos en seguridad marítima y estabilidad energética.
