Ucrania refuerza su red eléctrica ante una campaña rusa más rápida y difícil de contener

Fecha:

Compartir publicación:

Ucrania llegará al próximo invierno mejor preparada que en cualquier otro momento de la guerra, pero también frente a una amenaza rusa más sofisticada. El país ha acelerado la protección de su infraestructura energética, ampliado sus reservas y distribuido nuevas fuentes de generación. Sin embargo, Moscú está produciendo más misiles balísticos y ha incorporado drones propulsados por reactores capaces de volar tres veces más rápido que los modelos utilizados hasta ahora.

La disputa, por tanto, no se decidirá únicamente por la cantidad de electricidad disponible. El desafío principal será mantenerla en circulación cuando las centrales, subestaciones y conexiones que abastecen a las grandes ciudades estén bajo ataque. Kiev podría contar con energía suficiente a escala nacional y, aun así, sufrir cortes severos si Rusia logra aislar los centros urbanos de las fuentes de generación.

Una red que intenta no repetir el colapso del invierno pasado

En Bereznyaky, un suburbio de Kiev, los equipos de reparación sustituyen cientos de metros de cable instalado durante la época soviética por líneas más gruesas, capaces de soportar sobrecargas de emergencia. El trabajo responde a una experiencia concreta: el invierno pasado, los misiles rusos destruyeron una central térmica local y los vecinos recurrieron masivamente a calefactores eléctricos. La demanda extraordinaria sobrecargó la red y dejó a cientos de edificios sin calefacción ni electricidad durante semanas.

La escena también mostró el coste social de una crisis energética prolongada. En uno de los episodios más tensos, una multitud rodeó a los trabajadores de reparación y les advirtió que no podrían marcharse hasta que se restableciera el suministro. Para evitar que una avería técnica se transforme de nuevo en una emergencia urbana, el Gobierno y las empresas energéticas pusieron en marcha desde abril un plan de resiliencia con cuatro objetivos: generar electricidad local para los servicios esenciales, blindar los equipos críticos, descentralizar la calefacción y multiplicar los puntos de suministro eléctrico.

Los avances son significativos. La mitad de las obras previstas ya está terminada y Ucrania espera afrontar los meses fríos con capacidad de generación excedente y unos 14.000 millones de metros cúbicos de gas almacenado. También se desarrolla un programa paralelo para proteger las reservas y los sistemas de agua, indispensables para el alcantarillado y la calefacción central.

La protección física avanza, pero Kiev parte con desventaja

La Agencia Estatal de Restauración ha protegido dos docenas de transformadores de 110 kilovoltios alrededor de la capital mediante redes, estructuras de hormigón y refuerzos adicionales. Estos equipos reducen la tensión de las líneas de alta potencia antes de que la electricidad llegue a los hogares. Hasta este año, ninguno de los transformadores de ese tipo en Kiev contaba con protección suficiente, una demora que dejó a la ciudad más expuesta que otras urbes, como Járkiv.

Las nuevas defensas deberían resistir la mayoría de los impactos, aunque no un misil que alcance directamente el objetivo. Esa precisión es importante: las medidas de protección pueden reducir los daños de fragmentos y explosiones cercanas, pero no hacen invulnerables a las grandes centrales térmicas. Las instalaciones de Kiev son demasiado extensas para quedar completamente cubiertas, y un ataque balístico concentrado aún podría destruir cualquiera de ellas.

La capital conserva además vulnerabilidades difíciles de resolver en pocos meses. Algunas subestaciones carecen de sistemas de respaldo, al igual que varias conexiones con las centrales nucleares que suministran la mayor parte de su electricidad. Cerca de 2.500 de los 15.000 edificios de Kiev tampoco tienen una fuente alternativa de calefacción. Si fallara el suministro eléctrico de las estaciones de agua, el problema dejaría de ser solo energético: también se paralizarían los servicios de saneamiento y la calefacción central.

El nuevo riesgo llega más rápido que las defensas

Rusia produce ahora cerca de 100 misiles balísticos al mes, mientras las reservas ucranianas de interceptores se han reducido de forma drástica. Kiev intenta conseguir 300 misiles Patriot adicionales durante este invierno, pero el resultado depende de decisiones políticas y de la disponibilidad de sus aliados. Los proyectos nacionales para fabricar interceptores balísticos todavía no ofrecen una solución inmediata.

La amenaza más novedosa son los drones a reacción. Ucrania había conseguido derribar más de nueve de cada diez drones Shahed, propulsados por hélices y con una velocidad cercana a los 200 kilómetros por hora. Los nuevos aparatos guiados por piloto pueden alcanzar unos 600 kilómetros por hora, lo que reduce el tiempo de reacción y limita la eficacia de las defensas móviles.

En ataques recientes, la combinación de aviones de combate, misiles portátiles y cañones automatizados solo habría destruido alrededor del 30% de estos drones. El dato resulta especialmente preocupante porque algunos alcanzaron objetivos de alto valor que los misiles balísticos rusos no habían conseguido destruir durante años. Ucrania prueba nuevos interceptores, pero la mayoría son todavía prototipos caros y de alcance limitado.

La verdadera prueba será transportar la energía

Rusia parece haber reducido el coste de los drones a reacción a entre 50.000 y 70.000 dólares mediante la producción masiva de motores y el acceso, pese a las sanciones, a maquinaria de impresión 3D para turbinas. Si esa tendencia continúa, Moscú podrá emplearlos no como armas excepcionales, sino como parte habitual de ataques saturadores. La defensa ucraniana tendría entonces que gastar misiles o aviones mucho más costosos para neutralizar objetivos relativamente baratos.

La prioridad rusa probablemente serán las aproximadamente 140 subestaciones de Ukrenergo, porque dañarlas puede interrumpir el transporte de electricidad entre regiones sin necesidad de destruir todas las centrales. Esa vulnerabilidad revela el cambio de naturaleza de la campaña: la supervivencia energética dependerá menos de producir más y más de conservar los corredores que conectan la generación con las ciudades.

Los trabajadores de Bereznyaky pueden reforzar cables, zanjas y transformadores, pero no controlar el cielo. Ucrania ha construido una defensa energética más distribuida y resistente; todavía no ha encontrado una respuesta equivalente a la velocidad, el volumen y el menor coste de las nuevas armas rusas. Por eso, el próximo invierno no será una prueba de si el país hizo sus deberes, sino de si esas mejoras pueden mantenerse operativas bajo una presión aérea sin precedentes.

Artículos relacionados

El verano más cálido de la historia reciente deja a España con una reserva de agua muy desigual

España ha cerrado el verano meteorológico de 2026 con temperaturas y niveles de precipitación excepcionales

La revisión de la licencia del Algarrobico abre un nuevo frente judicial contra el alcalde de Carboneras

La asociación para la defensa y conservación del patrimonio cultural, histórico, territorial y medioambiental de Carboner

El hallazgo de coca en Tela amplía el desafío antidrogas de Honduras más allá de Colón y Olancho

La localización de aproximadamente 70.000 arbustos de presunta hoja de coca en la aldea Pajuiles, municip

La peste porcina africana convierte a Japón y México en una factura de 350 millones para el cerdo español

La peste porcina africana ha dejado de ser únicamente una emergencia sanitaria para convertirse en un problema comercial de primer or