Ucrania acelera la búsqueda de defensas contra los drones rusos de reacción

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Ucrania afronta una nueva presión sobre su sistema de defensa aérea ante el aumento de los ataques rusos con drones propulsados por motores a reacción, aparatos más veloces que los modelos empleados hasta ahora y más difíciles de interceptar. Las autoridades y expertos ucranianos advierten de que esta evolución tecnológica amenaza infraestructuras civiles esenciales, especialmente la red energética, los centros logísticos y los servicios urbanos, cuando se aproxima el invierno.

La preocupación se extendió este miércoles a la región occidental de Leópolis, donde sonó por primera vez una alerta por la aproximación de un dron de este tipo desde que Rusia inició el pasado jueves una campaña centrada principalmente en Kiev y otros objetivos estratégicos. Posteriormente se informó de una explosión en la cercana ciudad de Ternópil, aunque las autoridades locales no divulgaron detalles sobre los daños, el objetivo alcanzado ni el tipo de artefacto utilizado.

La aparición de alertas en el oeste del país ilustra un cambio relevante en el alcance de la amenaza. Hasta ahora, las regiones cercanas al frente y las grandes ciudades del centro, norte y sur habían concentrado buena parte de los ataques. La posibilidad de que drones más rápidos alcancen zonas alejadas de los combates obliga a redistribuir recursos defensivos en un momento en que Ucrania ya reconoce carencias tanto de sistemas terrestres como de munición.

Una amenaza más rápida y difícil de abatir

Los nuevos aparatos, identificados por Ucrania como Guerán-4 y Guerán-5, derivan de la familia iraní Shahed y pueden alcanzar velocidades de entre 450 y 500 kilómetros por hora. Esa cifra los sitúa por encima de las capacidades de muchos interceptores ucranianos de bajo coste, diseñados para perseguir y colisionar con drones más lentos lanzados por Rusia en grandes oleadas desde el inicio de la invasión.

Yuri Ignat, portavoz de la Fuerza Aérea ucraniana, señaló que actualmente solo alrededor del 60 % de los drones de reacción son derribados, frente a tasas que podían llegar al 95 % en el caso de los modelos anteriores. La diferencia no solo supone un mayor riesgo de impactos: también altera el cálculo económico y operativo de la defensa, porque obliga a emplear aviones de combate, radares y misiles contra objetivos relativamente baratos y producidos en serie.

Los especialistas comparan estos drones con misiles de crucero ligeros. Aunque no poseen necesariamente todas las prestaciones de un misil convencional, su velocidad y perfil de vuelo complican la respuesta de la defensa aérea de corto alcance, los helicópteros y los interceptores no tripulados actualmente disponibles. La dificultad aumenta cuando Rusia distribuye los lanzamientos en cantidades pequeñas durante largas franjas del día, una táctica que mantiene bajo tensión a los sistemas de vigilancia y a las tripulaciones.

El volumen de lanzamientos aumenta la presión

Según Ignat, Rusia lanzó más de 2.800 drones propulsados por motores a reacción durante agosto. Sergui Bezkrestnov, asesor tecnológico del presidente Volodímir Zelenski, había calculado unos 1.500 lanzamientos en julio, mes en el que el número ya se había multiplicado por cinco respecto de junio. La secuencia sugiere que Moscú está ampliando de forma rápida el empleo de estos aparatos mientras conserva el uso masivo de los drones lentos de generaciones anteriores.

La inteligencia militar ucraniana informó en agosto de que Rusia busca elevar la proporción de drones de reacción hasta al menos la mitad del total de los ataques. De acuerdo con esa evaluación, la industria rusa fabrica actualmente cerca de 3.000 unidades mensuales. Tales cifras plantean un desafío que no se limita a detener ejemplares aislados: Ucrania necesita una respuesta capaz de sostenerse frente a una producción regular y a campañas prolongadas contra objetivos repartidos por el territorio.

La aviación constituye por ahora uno de los principales medios para interceptar los drones rápidos. Zelenski afirmó el domingo que los MiG-29 de origen soviético, los F-16 estadounidenses y los Mirage franceses participan en esta tarea. Sin embargo, el uso continuo de cazas para derribar vehículos no tripulados obliga a mantener aeronaves en vuelo, consumir combustible y reservar munición aire-aire que también puede ser necesaria frente a otros riesgos militares.

Sergui Zgurets, director de la consultora Defence Express, calificó de irracional el uso permanente de recursos aéreos escasos contra drones de bajo coste. Su planteamiento apunta a un problema central de la guerra de desgaste: incluso cuando la defensa logra derribar un aparato, el atacante puede obtener ventaja si fuerza al adversario a gastar medios mucho más caros, difíciles de reemplazar o indispensables para otras misiones.

Interceptores propios, una solución aún en desarrollo

La prioridad declarada por Kiev es desarrollar una versión más rápida de sus actuales drones interceptores. El ministro de Defensa, Yevgueni Jmara, aseguró que ya se han probado cuatro modelos y que existen planes para elevar la fabricación a varios miles de unidades. La apuesta responde a la necesidad de recuperar una herramienta barata, flexible y escalable que había reducido de manera considerable la eficacia de los drones rusos más lentos.

No obstante, expertos consultados por medios ucranianos advierten de que pasar de los ensayos a una producción suficiente podría requerir meses. Un interceptor más veloz no depende solo de un motor más potente: debe disponer de sensores, navegación, enlace de datos, capacidad de seguimiento y producción industrial fiables. Además, debe integrarse con las redes de detección para recibir una designación de objetivo a tiempo, un requisito especialmente exigente cuando el dron atacante reduce el margen de reacción por su velocidad.

La situación también reabre el debate sobre la anticipación defensiva. Rusia empleó por primera vez drones de reacción hace más de un año, pero Ucrania reconoce que no está plenamente preparada para una campaña de mayor escala. La explicación no reside únicamente en la tecnología: el país debe distribuir recursos entre frentes terrestres, ciudades, instalaciones energéticas y rutas logísticas, mientras depende parcialmente de entregas externas de sistemas y municiones.

Temor a daños en los servicios básicos

Para la población civil, el riesgo más inmediato está asociado a la continuidad de los servicios esenciales. Rusia ha anunciado nuevos ataques contra infraestructuras energéticas antes del invierno, una amenaza especialmente sensible después de campañas anteriores que provocaron cortes de electricidad, calefacción y agua. Los daños en nodos energéticos o instalaciones de abastecimiento pueden tener consecuencias que se prolongan mucho más allá del momento del impacto.

Olena Semeniak, editora de 32 años residente en Kiev, expresó a EFE su preocupación por una posible interrupción del suministro de agua y de los sistemas de alcantarillado. Dijo que, en ese escenario, probablemente tendría que trasladarse a una zona más segura del oeste del país. Su testimonio refleja una inquietud compartida en áreas urbanas que han aprendido a organizar su vida alrededor de las alertas, pero que ven en los drones de reacción una amenaza con menos tiempo de aviso y mayor capacidad de penetración.

La capacidad de Ucrania para limitar el impacto de esta nueva fase dependerá de una combinación de aviación, defensa terrestre, protección física de infraestructuras y producción acelerada de interceptores especializados. Mientras esas soluciones avanzan, el incremento de los lanzamientos rusos mantiene abierta una brecha entre la velocidad de adaptación del atacante y la disponibilidad de medios defensivos para proteger a la población y los servicios críticos.

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