El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó el martes que la campaña militar de su país contra Irán “no ha terminado en absoluto” y señaló que un complejo nuclear subterráneo conocido como montaña Pickaxe podría ser atacado próximamente. La declaración, realizada durante una reunión en la Casa Blanca con el presidente libanés, Joseph Aoun, introduce un objetivo concreto en un conflicto que Teherán ya describe como una guerra total y que amenaza con ampliar su radio de acción en Oriente Medio y el mar Rojo.
“Vamos a golpear esa zona muy pronto, y con mucha fuerza”, dijo Trump a periodistas. El mandatario reconoció que, en circunstancias habituales, no divulgaría posibles blancos militares antes de una operación, pero sostuvo que Irán no tendría capacidad para impedirla. La Casa Blanca no aportó posteriormente detalles sobre un calendario, el tipo de operación contemplada ni la participación de aliados regionales.

Una instalación bajo vigilancia internacional
La montaña Pickaxe se encuentra cerca de Natanz, en el centro de Irán, una zona asociada desde hace años al programa nuclear iraní. Según evaluaciones de servicios de inteligencia occidentales citadas en el contexto de la escalada, el enclave albergaría trabajos para construir una planta de enriquecimiento de uranio no declarada. Su relevancia radica tanto en la actividad que se sospecha podría desarrollar como en su diseño: la instalación estaría enterrada a gran profundidad, lo que dificultaría su destrucción mediante ataques convencionales.
Las infraestructuras nucleares subterráneas han ocupado un lugar central en las disputas entre Irán, Estados Unidos e Israel. Teherán ha sostenido históricamente que su programa nuclear tiene fines civiles y ha rechazado las acusaciones de buscar armas atómicas. Estados Unidos y varios países europeos, en cambio, han expresado preocupación por los niveles de enriquecimiento de uranio, la limitada transparencia sobre determinadas instalaciones y el impacto de los daños a los mecanismos internacionales de verificación.
La mención pública de Pickaxe también tiene una dimensión política. Al identificar un objetivo que suele ser considerado difícil de neutralizar, Trump busca proyectar que la actual operación no se limita a ataques simbólicos ni a responder a acciones inmediatas de Irán. Sin embargo, esa exposición puede elevar la presión sobre Teherán para proteger instalaciones estratégicas, dispersar recursos o intensificar su capacidad de respuesta fuera de territorio iraní.
Trump descarta una retirada inmediata
El presidente estadounidense calculó que los daños ya causados exigirían a Irán entre 20 y 25 años para ser reconstruidos si Washington decidiera detener ahora su ofensiva. “Si nos fuéramos ahora, a Irán le llevaría 20, 25 años reconstruir. Pero no hemos terminado en absoluto”, afirmó. Esa estimación no fue acompañada de información verificable sobre las instalaciones afectadas, el alcance técnico de los daños ni los criterios empleados para determinar el tiempo de reconstrucción.
La afirmación plantea una cuestión estratégica relevante: incluso si los ataques logran retrasar capacidades nucleares o militares, el resultado dependerá de si se preservan equipos, conocimientos técnicos, reservas de materiales y personal especializado. La experiencia de anteriores crisis relacionadas con programas nucleares indica que los bombardeos pueden deteriorar infraestructura física, pero no eliminan automáticamente la capacidad de un Estado para reconstruirla, especialmente cuando cuenta con recursos científicos propios y redes industriales dispersas.
Además, un ataque contra una instalación enterrada podría requerir armamento de alta penetración o una campaña sostenida contra accesos, sistemas eléctricos, ventilación y rutas logísticas. Cualquiera de esas alternativas ampliaría los riesgos de daños colaterales, de contaminación en caso de afectar materiales sensibles y de una respuesta iraní contra bases estadounidenses, infraestructuras energéticas o rutas marítimas regionales.
Escalada regional dos semanas después de reanudarse los combates
Las declaraciones de Trump se produjeron dos semanas después de la reanudación de las hostilidades entre Estados Unidos e Irán. Teherán intensificó el martes sus ataques en Oriente Medio, en un contexto de creciente tensión regional. Las autoridades iraníes presentan el conflicto como una confrontación abierta, una formulación que eleva la posibilidad de que grupos aliados de la República Islámica, milicias locales o actores no estatales se impliquen con mayor intensidad.
La amenaza de extensión hacia el mar Rojo añade una dimensión económica internacional. Esa vía marítima conecta el océano Índico con el canal de Suez y constituye una ruta relevante para el comercio entre Asia, Europa y África. Una mayor inseguridad puede obligar a navieras a modificar trayectos, elevar costos de seguros y prolongar los tiempos de transporte, con efectos que trascienden a los países directamente involucrados en la confrontación.
La presencia de Joseph Aoun en la Casa Blanca subrayó, a su vez, la preocupación estadounidense por la estabilidad del Líbano, un país situado en una de las zonas más expuestas a una ampliación del conflicto. Aunque no se divulgaron compromisos concretos vinculados a la ofensiva contra Irán, la reunión se desarrolló mientras Washington intenta combinar presión militar sobre Teherán con la contención de una guerra regional más amplia.
Riesgos de una nueva fase
La declaración presidencial no confirma que el ataque contra Pickaxe sea inminente, pero sí reduce el margen de ambigüedad sobre la dirección de la campaña estadounidense. Para Washington, golpear una instalación asociada al enriquecimiento de uranio podría servir para demostrar capacidad de disuasión y limitar el avance técnico de Irán. Para Teherán, en cambio, un ataque de ese tipo podría ser interpretado como un intento de destruir un activo estratégico y justificar una respuesta más directa.
El desenlace dependerá de decisiones que aún no han sido detalladas públicamente: la magnitud de los ataques estadounidenses, la capacidad iraní para responder sin desencadenar una confrontación de mayor escala y la disposición de otros gobiernos de la región a evitar que sus territorios o infraestructuras sean arrastrados al conflicto. Mientras esas variables permanezcan abiertas, la referencia a la montaña Pickaxe señala una posible transición desde ataques de presión hacia una fase centrada en objetivos de alto valor estratégico.
