Donald Trump anunció el envío de Jared Kushner y Steve Witkoff a Moscú y Kiev con una propuesta para intentar poner fin a la guerra entre Rusia y Ucrania, iniciada con la invasión rusa de febrero de 2022. El presidente estadounidense aseguró que sus emisarios viajan con “una idea para la paz” y consideró que existe una posibilidad de lograr avances, sin revelar el contenido del plan.

La cuestión territorial sigue abierta
La omisión más relevante es si Washington planteará concesiones territoriales de Ucrania, una posibilidad que Trump ha sugerido anteriormente y que Kiev rechaza como precio de una paz duradera. La misión será la primera visita de Kushner y Witkoff a la capital ucraniana desde el regreso de Trump a la Casa Blanca; ambos ya han viajado a Moscú. El itinerario busca probar si una mediación directa puede reducir posiciones que siguen siendo incompatibles.
Volodimir Zelenski propuso una tregua aérea mientras duren las conversaciones: Ucrania suspendería sus ataques desde el aire si Rusia ofrece una garantía recíproca. La iniciativa intenta crear un mínimo marco de confianza sin detener por completo las operaciones militares, pero también expone su fragilidad: cualquier incidente puede servir para cuestionar la negociación antes de que se discuta el fondo político del conflicto.
Diplomacia bajo presión
Trump atribuyó la prolongación de la guerra a un “problema de personalidad” entre Vladimir Putin y Zelenski. Esa lectura simplifica una disputa centrada en soberanía, seguridad y control territorial, asuntos que no dependen solo de la relación entre los líderes. Al mismo tiempo, Trump restó importancia a la acusación alemana de que Rusia intentó atacar con drones un aeropuerto y afirmó que Putin no busca atacar territorio de la OTAN. La doble postura revela el desafío de su estrategia: impulsar una salida negociada sin ignorar la desconfianza europea sobre las intenciones del Kremlin.
