Australia confirmó que la restricción para menores de 16 años redujo la proporción de niños con una cuenta propia en redes sociales vetadas, pero apenas modificó el uso de esas plataformas. Tres meses después de la entrada en vigor de la medida, el 42.1% de los niños de entre 10 y 15 años todavía tenía una cuenta en alguna red restringida, frente al 52.4% registrado antes. Sin embargo, el porcentaje que dijo haber utilizado esas mismas redes durante el último mes pasó de 85.9% a 81.5%.
La diferencia aparece también en los mecanismos de control. Entre quienes aún conservaban una cuenta, el 50.2% afirmó que la plataforma ni siquiera le había pedido confirmar su edad. El acceso puede mantenerse con una cuenta propia, una prestada o sin iniciar sesión, de modo que la reducción de cuentas no equivale a una reducción similar en el hábito de uso.

La investigación del Senado
El viernes 14 de agosto, Meta, TikTok, YouTube y Snapchat comparecieron ante una investigación del Senado australiano. Las compañías pidieron evitar conclusiones inmediatas y sostuvieron que tres meses no bastan para evaluar una política de esta magnitud. La petición coincide con una limitación reconocible del dato: todavía es pronto para medir todos los efectos de una regulación que depende de sistemas de verificación y de la forma en que cada plataforma la aplica.
La agencia eSafety estableció que la responsabilidad de las empresas se medirá por los sistemas y procesos implementados, no por cada cuenta individual que logre escapar al control. El criterio desplaza la atención de la cantidad de menores que consiguen entrar hacia la calidad de la barrera construida por cada servicio.
El problema está dentro de la plataforma
Australia ya había señalado parte de esa arquitectura desde marzo, cuando sus reglas pusieron bajo observación los algoritmos de recomendación, el scroll infinito, los “likes” y los contenidos efímeros. Esas funciones fueron asociadas con riesgos relacionados con la atención y la salud mental. Aun así, buena parte de la obligación legal sigue concentrada en verificar quién entra, mientras la maquinaria que organiza la experiencia permanece en gran medida intacta.
Una intervención más profunda podría incluir menos recomendación personalizada por defecto para menores, límites al desplazamiento infinito y una menor extracción de datos destinada a sostener la retención. También implicaría revisar el diseño original de estas plataformas, que alguna vez se presentó como una forma de construir y nutrir comunidades, no únicamente como un mecanismo para prolongar el tiempo de permanencia.
La prohibición puede ser necesaria, pero una puerta cerrada no modifica por sí sola el edificio. Mientras continúen funcionando los mismos recorridos, estímulos y sistemas de retención, la disminución de cuentas no garantiza que el uso desaparezca. La comparación pertenece a la lógica de sistemas descrita por Donella Meadows: cuando una estructura premia una conducta, corregir el síntoma suele ser más sencillo que modificar las reglas que la producen.
Eduardo Navarrete es periodista, Head of Comms & Press en Fintual México y columnista. Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autores y son independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.
