Cergy-Pontoise, a unos 30 kilómetros al noroeste de París, aspira a albergar en 2031 un complejo saudí de tres parques de ocio que competirá por visitantes con Disneyland París. El proyecto, anunciado tras la reunión entre Emmanuel Macron y el príncipe heredero Mohamed bin Salmán, prevé una inversión de 6.000 millones de euros y ocupa ya el debate local: se esperan 22.000 empleos directos e indirectos, mientras crecen las inquietudes por la vivienda, el transporte, la energía y la pérdida de tierras agrícolas.
El alcalde de Cergy y presidente de la mancomunidad, Jean-Paul Jeandon, subraya que lo suscrito hasta ahora es un “protocolo de intenciones”. Para el dirigente socialista, el principal argumento a favor es la posibilidad de responder al desempleo juvenil en una zona de 222.000 habitantes. Pero también admite que habrá que reforzar el transporte público, pese a que una estación de cercanías se encuentra cerca del futuro recinto.

El anuncio abre la fase de preparación
La semana pasada, durante la visita de Mohamed bin Salmán a París, Francia y Arabia Saudí anunciaron el acuerdo para levantar los tres parques. El complejo abarcaría 200 hectáreas: 52 corresponden al antiguo parque Mirápolis y otras 150 se sumarían al desarrollo. Aunque se ha mencionado la posibilidad de un área dedicada a la saga japonesa Dragon Ball Z, Jeandon evitó confirmar esa parte del programa.
El objetivo inicial de afluencia es superar los algo más de tres millones de visitantes anuales del Parque Astérix. La referencia de Disneyland París, que recibe unos 15 millones de visitantes al año y es el principal parque de ocio de Europa, quedaría para una segunda etapa, según explicó el alcalde.
El terreno mantiene asuntos pendientes
Parte del espacio previsto fue ocupado entre 1987 y 1991 por Mirápolis, un parque de atracciones inspirado en referencias de la cultura francesa. De aquella instalación quedan pocos restos, como algunos pórticos oxidados y descoloridos. Brigitte, vecina de Cergy-Pontoise, recuerda que allí llevaba a su hijo y lamenta la desaparición de un recinto que asociaba con cuentos, historia y tradiciones francesas.
Desde hace nueve años, una comunidad gitana está instalada en una parte de las 52 hectáreas del antiguo parque. Uno de sus habitantes, que pidió no ser identificado, afirmó que viven allí unas 500 caravanas y que el Ayuntamiento les ha comunicado que las obras comenzarían en dos años. Según su testimonio, necesitarán una alternativa de alojamiento antes de ese momento.
Vivienda y medio ambiente, bajo vigilancia
La extensión del proyecto sobre suelo agrícola y su consumo energético figuran entre los principales reparos. Jeandon también reconoció el riesgo de una subida de precios inmobiliarios y de los alquileres turísticos vinculados a plataformas como Airbnb. El alcalde señaló que el tipo de vivienda que se construya y las reglas para controlar ese mercado deberán abordarse con el inversor o los inversores cuando el proyecto avance.
Entre los vecinos, las opiniones siguen divididas. Richard Remy, jubilado que reside desde hace más de cuatro décadas en la zona, considera normal que Arabia Saudí invierta en Francia y espera que la llegada del complejo impulse el comercio. Su condición es más simple: pide que los nuevos parques no sean de mal gusto desde el punto de vista estético.
