En la esquina de Félix Cuevas y San Francisco, en la colonia Del Valle de la Ciudad de México, se encuentra Tortas Don Polo, un establecimiento que desde 1956 ha marcado la forma de preparar y consumir tortas en el país. Su método de dorar el pan de telera sobre una plancha con mantequilla transformó un producto sencillo en una experiencia gastronómica que aún hoy atrae a clientes de distintos perfiles.
La historia de este negocio familiar ilustra cómo una innovación técnica menor puede convertirse en seña de identidad de toda una tradición culinaria. Al mismo tiempo, revela los lazos entre la gastronomía capitalina y el mundo del deporte profesional a través de la figura de Guillermo Ochoa.
Orígenes y técnica fundacional
Leopoldo Sánchez, conocido como Don Polo, abrió el primer local en 1956. Observó que el pan de telera se humedecía con rapidez al contacto con los ingredientes húmedos. Inspirado en las prácticas de cafeterías tradicionales, decidió colocar las mitades abiertas sobre una plancha caliente untada con mantequilla de buena calidad. El resultado fue un pan crujiente por fuera y suave por dentro, capaz de contener jugos sin deshacerse.
Esta modificación, aparentemente simple, exigió constancia en la calidad de los insumos. El jamón, los frijoles refritos con receta reservada y los chiles jalapeños en escabeche preparados en el propio local se convirtieron en elementos distintivos. A diferencia de cadenas que priorizan la reducción de costos, Tortas Don Polo mantuvo relaciones directas con panaderos tradicionales y productores locales, lo que permitió preservar el perfil de sabor original durante más de seis décadas.
Crecimiento y presencia actual
El local original debió ampliarse para atender la demanda de los fines de semana. Posteriormente se abrieron dos sucursales más: una en General Porfirio Díaz esquina Insurgentes, en Nochebuena, y otra en Don Juan esquina Plutarco Elías Calles, en Nativitas. El menú incluye tortas desde 55 pesos hasta opciones que superan los 100 pesos, además de combos desde 163 pesos y desayunos desde 129 pesos. Esta variedad refleja una adaptación gradual a distintos momentos del día sin abandonar el producto central.

El mantenimiento de estándares altos en un sector caracterizado por la rotación de proveedores demuestra una estrategia de largo plazo. La clientela habitual incluye tanto residentes de la zona como visitantes atraídos por la reputación acumulada, lo que convierte al establecimiento en un referente cultural de la alcaldía Benito Juárez.
El vínculo con Guillermo Ochoa
Guillermo Ochoa ha mencionado repetidamente a Tortas Don Polo como su lugar preferido para comer en la capital. La conexión familiar explica parte de esa preferencia: su padre es sobrino de Leopoldo Sánchez y participó directamente en la operación del negocio. El propio portero trabajó en el local durante su etapa formativa, atendiendo mesas y realizando tareas de apoyo incluso después de su debut profesional con el Club América.
Una de las tortas más solicitadas, la Torta Suiza, surgió de una propuesta de Ochoa que incorporaba cuatro tipos de queso. Aunque inicialmente no figuraba en el menú, su popularidad llevó a incorporarla de manera permanente. Este caso muestra cómo las preferencias de un cliente habitual pueden integrarse al repertorio fijo sin alterar la estructura básica del negocio.
La relación entre el deportista y el establecimiento trasciende la anécdota personal. Representa un ejemplo de continuidad generacional en un comercio familiar que ha resistido cambios económicos y de consumo. Al mismo tiempo, ilustra cómo la fama de un atleta puede reforzar la visibilidad de un negocio local sin que este dependa exclusivamente de esa asociación.
Tortas Don Polo mantiene su operación con tres sucursales y un menú estable. Su historia combina una innovación técnica concreta con la preservación de prácticas artesanales y vínculos familiares que han permitido su permanencia en un mercado competitivo. La presencia de Ochoa en ese relato añade una capa de reconocimiento público, pero el sustento del negocio sigue radicando en la consistencia del producto y la gestión familiar iniciada hace casi setenta años.
