La revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) comenzó formalmente el 1 de julio de 2026 con dos rutas claramente definidas sobre la mesa: una extensión de vigencia hasta 2042 mediante una revisión intermedia en 2032, o una duración hasta 2036 acompañada de revisiones anuales cada vez más limitadas en alcance. La Secretaría de Economía de México descartó de inmediato cualquier riesgo de terminación del acuerdo y señaló que las negociaciones sostenidas durante el último año confirman la continuidad del tratado.
El titular de la dependencia explicó a través de redes sociales que los escenarios son concretos y que las revisiones anuales no implicarán renegociar el texto completo, sino únicamente un número reducido de temas específicos. México presentará 13 asuntos prioritarios, Estados Unidos 14 y Canadá dará a conocer sus posiciones en los próximos días. Según la Secretaría, el número de temas disminuirá progresivamente en los próximos diez años, abriendo la posibilidad de decidir una extensión adicional de dieciséis años.

La cláusula de revisión y su aplicación práctica
El T-MEC contiene una cláusula que obliga a las tres partes a realizar una revisión del acuerdo cada seis años, con la posibilidad de prorrogar su vigencia por periodos adicionales. A un día del inicio de las negociaciones, la administración del presidente Donald Trump se inclina por confirmar que el tratado seguirá su curso bajo esta cláusula, en lugar de ampliar de inmediato su duración. De concretarse este camino, el acuerdo permanecería vigente hasta 2036 con revisiones periódicas mientras se negocian cambios puntuales.
Analistas como Greta Peisch, ex consejera general de la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos, consideran que este escenario permite mantener flexibilidad sin generar incertidumbre innecesaria para las cadenas de suministro regionales. La expectativa de Washington es que el 1 de julio transcurra sin anuncios de prórroga inmediata, lo que daría inicio a un proceso de ajustes graduales.
Posición de los tres países
Canadá llega a la revisión con un perfil bajo y centrado principalmente en su relación bilateral con Estados Unidos. El embajador estadounidense en Ottawa, Pete Hoekstra, no descartó que ambos países puedan anunciar algún tipo de marco o acuerdo provisional durante las próximas semanas. Esta dinámica bilateral podría influir en el ritmo de las negociaciones trilateraless, aunque México mantiene que cualquier cambio debe discutirse en el formato completo de los tres socios.
El Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) propuso evaluar la revisión mediante cuatro métricas concretas: el arancel implícito que enfrentan las exportaciones por país y sector, el nivel de cumplimiento de las reglas de origen, la participación de México en el déficit comercial de Estados Unidos y el cociente de reciprocidad comercial por sector. Según el IMCO, México llega a la mesa en una posición favorable gracias a las ventajas arancelarias conservadas, el alto aprovechamiento del tratado y la profunda integración regional ya existente.
Perspectiva empresarial y riesgos latentes
El Consejo Coordinador Empresarial, a través de su presidente José Medina, señaló que lo más conveniente en este momento es que el T-MEC continúe vigente hasta 2036, aunque reconoció que las próximas revisiones probablemente serán anuales. Esta postura refleja el interés del sector privado mexicano por evitar interrupciones en el flujo comercial mientras se resuelven los puntos pendientes.
La experiencia de la renegociación de 2018-2020 demostró que los cambios en las reglas de origen del sector automotriz y las disposiciones laborales generaron costos de adaptación significativos para las empresas. Una secuencia de revisiones anuales acotadas podría reducir la incertidumbre si se limita estrictamente a temas específicos, pero también exige que los tres gobiernos mantengan disciplina para evitar que asuntos secundarios se conviertan en puntos de fricción recurrentes.
En términos de equilibrio regional, el T-MEC ha permitido que México mantenga un superávit comercial con Estados Unidos en sectores como el automotriz y el agroalimentario, mientras que Canadá conserva ventajas en energía y productos forestales. Cualquier modificación que altere estas dinámicas requerirá compensaciones que satisfagan a las tres partes sin desestabilizar las cadenas de valor ya integradas.
El proceso que inicia el 1 de julio de 2026 marcará, por tanto, no solo la definición de la duración del tratado, sino también la capacidad de los tres gobiernos para gestionar diferencias comerciales mediante mecanismos predecibles y limitados en alcance.
