La presidenta Claudia Sheinbaum calificó las afirmaciones del secretario de Seguridad de Estados Unidos, Markwayne Mullin, sobre el control total de los cárteles en la frontera como motivadas por la campaña electoral estadounidense de noviembre. Contrapuso estas declaraciones con las palabras del propio Donald Trump la semana anterior, quien describió la frontera como más segura, evidenciando la contradicción interna del discurso político vecino.

Sheinbaum reiteró que México rechaza ser utilizado como tema de campaña, al tiempo que subrayó la reducción efectiva del flujo de fentanilo, imposible sin coordinación bilateral. Esta postura revela una estrategia de defensa institucional que prioriza resultados operativos sobre la retórica.
Coordinación real versus narrativa electoral
Las declaraciones de Mullin, que insisten en el dominio de nueve cárteles sobre cada centímetro fronterizo, contrastan con los datos de decomisos compartidos. La reducción del fentanilo demuestra que la cooperación técnica entre agencias funciona al margen de los discursos públicos, lo que expone cómo la política interna de Estados Unidos puede distorsionar la percepción de un esfuerzo conjunto efectivo.
Al rechazar el uso de México como argumento electoral, el gobierno mexicano busca preservar márgenes de autonomía en seguridad mientras mantiene canales abiertos de diálogo. Este equilibrio resulta clave para evitar que tensiones coyunturales erosionen los avances logrados en el control de precursores químicos y patrullajes conjuntos.
