Aryna Sabalenka, número uno del mundo, protagonizó una interrupción poco habitual durante su triunfo de tercera ronda en el Abierto de Estados Unidos: detuvo momentáneamente el juego para advertir a la árbitro Eva Asderaki-Moore de que un fuerte olor a marihuana llegaba hasta la pista del estadio Louis Armstrong. El episodio ocurrió el viernes, cuando la bielorrusa enfrentaba a la uzbeka Kamilla Rakhimova y dominaba el primer set.
Sabalenka había comenzado el partido con autoridad y se colocó 3-0 arriba. Durante su segundo turno de saque, con ventaja de 30-0, expresó la queja ante la jueza de silla. “Alguien está fumando marihuana”, señaló la primera preclasificada, antes de pedir atención al problema porque el olor era “muy fuerte”. Tras la breve pausa, el encuentro continuó sin que se reportara una suspensión adicional.

Un incidente menor en el marcador, relevante en la competencia
La situación no alteró el desenlace deportivo. Sabalenka se impuso por 6-3 y 6-4, avanzó a la cuarta ronda del último Grand Slam de la temporada y mantuvo intacta su condición de favorita. Sin embargo, el incidente vuelve visible un factor externo que, aunque no aparece en las estadísticas del partido, puede modificar la experiencia competitiva de quienes juegan en Nueva York.
En el tenis de alto rendimiento, especialmente en puntos de saque, la concentración se apoya en rutinas precisas: respiración, lectura de la posición rival, elección del servicio y control del ritmo. Un olor intenso puede convertirse en una distracción real si interrumpe esa secuencia. La protesta de Sabalenka no plantea necesariamente una ventaja o desventaja decisiva en ese partido, pero sí subraya que el entorno de juego forma parte de las condiciones competitivas que un torneo debe procurar estabilizar.
Flushing Meadows, entre la regulación interna y el espacio público
El olor a cannabis se ha convertido en una presencia recurrente, aunque indeseada, en Flushing Meadows durante el US Open. No está permitido fumar dentro del complejo de la Asociación de Tenis de Estados Unidos, pero el consumo recreativo de cannabis es legal en Nueva York para personas mayores de 21 años. Esa diferencia entre las reglas del recinto y la normativa que rige en sus alrededores limita la capacidad de control de los organizadores.
El complejo tenístico se encuentra dentro del parque Flushing Meadows-Corona, un espacio abierto y de gran circulación durante las dos semanas del torneo. El humo procedente de zonas cercanas puede alcanzar las canchas, en particular cuando las condiciones de viento y ventilación favorecen su desplazamiento. La propia configuración del evento, que combina estadios cerrados parcialmente con pistas abiertas y áreas públicas contiguas, hace difícil aislar por completo la competencia de lo que sucede fuera de sus accesos.
Una queja que no es nueva en el circuito neoyorquino
La observación de Sabalenka se suma a comentarios de otras jugadoras que en ediciones anteriores habían manifestado que el olor les resultaba molesto o distractor. La repetición de estas quejas indica que no se trata de una anécdota exclusivamente asociada a una deportista ni a un momento puntual del torneo. Es, más bien, un problema de gestión ambiental en uno de los escenarios deportivos más concurridos del calendario internacional.
La dificultad para los responsables del US Open consiste en distinguir entre una incomodidad inevitable de un torneo urbano y una condición que requiere medidas operativas adicionales. El público espera un evento abierto, integrado a la ciudad y compatible con las leyes locales; los jugadores, por su parte, necesitan un marco razonablemente homogéneo para competir. Ambas expectativas pueden coexistir, pero exigen protocolos claros sobre vigilancia perimetral, canales de reporte y respuesta rápida cuando una situación afecta directamente a la cancha.
La respuesta del torneo se juega fuera de la pista
El caso expone una cuestión de reputación y organización más que una controversia reglamentaria. Sabalenka no pidió una sanción específica ni convirtió la interrupción en un conflicto con el público. Comunicó un problema a la autoridad disponible, y la árbitro permitió que el partido siguiera. Esa reacción evitó que el incidente creciera, pero no elimina la necesidad de evaluar si el sistema actual ofrece suficientes herramientas preventivas.
Para un Grand Slam, la calidad de la experiencia deportiva incluye aspectos que van más allá de la superficie, la iluminación o la programación de partidos. El ruido, la temperatura, la seguridad y los olores también inciden en la percepción de control. Cuando esos elementos se vuelven frecuentes, pueden afectar tanto a los competidores como a la imagen de un torneo que busca sostener estándares internacionales de profesionalismo.
Una victoria que mantiene el foco en el título
En lo inmediato, Sabalenka dejó el episodio atrás con una victoria en dos sets ante Rakhimova. Su avance a cuarta ronda confirma un inicio sólido en Nueva York y preserva su camino en la parte decisiva del cuadro. Para la bielorrusa, el resultado pesa más que la interrupción; para el US Open, en cambio, el momento funciona como un recordatorio de que las condiciones alrededor de la pista también pueden entrar en juego.
La escena resume una tensión propia de los grandes eventos deportivos celebrados en ciudades con normas sociales y regulatorias cambiantes. El US Open no puede controlar por completo el parque que lo rodea, pero sí puede reducir los efectos de lo que llega desde fuera. La queja de la número uno del mundo convierte esa tarea en una cuestión visible: proteger la concentración de los jugadores sin perder la apertura que distingue al torneo neoyorquino.
