La República Democrática del Congo (RDC) asumió el 1 de julio de 2026 la presidencia rotatoria mensual del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Este paso ocurre tras seis meses como miembro no permanente del órgano responsable del mantenimiento de la paz y la estabilidad internacional. El Ministerio de Asuntos Exteriores congoleño describió el momento como una oportunidad histórica para aportar activamente a las reflexiones sobre los desafíos contemporáneos de paz y seguridad, promoviendo un multilateralismo basado en el diálogo, el respeto al derecho internacional y soluciones sostenibles.
La RDC presidirá el Consejo por primera vez en 35 años, después de iniciar su mandato como miembro no permanente para el período 2026-2027. Bajo el lema “más paz, más justicia, más desarrollo, más multilateralismo”, el país africano ha señalado que los conflictos actuales no pueden resolverse de forma duradera sin abordar sus causas profundas. Esta visión orientará su actuación durante el mes de julio.

Prioridades definidas para julio
El Ministerio congoleño ha establecido varias líneas de trabajo prioritarias: el cuidado de los recursos naturales, la protección de las poblaciones civiles, la lucha contra la impunidad, la justicia transicional y la agenda Mujeres, Paz y Seguridad. Estas áreas reflejan tanto los problemas estructurales que afectan al propio país como las preocupaciones compartidas por muchas naciones africanas. La primera ministra Judith Suminwa Tuluka encabezará la primera sesión el 8 de julio, centrada en las violencias sexuales vinculadas al conflicto. El 13 de julio, la ministra de Asuntos Exteriores Thérèse Kayikwamba Wagner presidirá una reunión sobre el vínculo entre recursos naturales, conflictos y paz. Finalmente, el presidente Félix Tshisekedi intervendrá el 21 de julio para abordar la gobernanza de los recursos naturales como fundamento de la paz, la seguridad y la prosperidad.
El reclamo africano de representación permanente
África continúa impulsando la obtención de un asiento permanente en el Consejo para corregir lo que considera una injusticia histórica. Es la única región densamente poblada sin representación permanente en el principal órgano decisorio global. La Unión Africana mantiene una postura unificada que exige dos asientos permanentes con todos los privilegios, incluido el derecho de veto, y dos asientos no permanentes adicionales. Esta ampliación elevaría la representación africana de tres a cinco miembros en total. El año pasado, tanto el Gobierno de Estados Unidos como el secretario general António Guterres expresaron explícitamente su apoyo a la creación de dos asientos permanentes para África, aunque esa reforma aún no se ha concretado.
Los cinco miembros permanentes actuales —China, Estados Unidos, Rusia, Francia y Reino Unido— conservan el poder de veto, lo que sigue determinando en gran medida la agenda y las resoluciones del Consejo. Los diez miembros no permanentes, entre ellos la RDC, participan con voz y voto, pero su influencia depende en buena medida de la capacidad de generar consensos antes de que una resolución llegue a votación. La presidencia rotatoria ofrece a la RDC una ventana temporal para colocar en primer plano cuestiones que suelen quedar en segundo plano, como la explotación de recursos y la protección de civiles en zonas de conflicto.
Implicaciones para la diplomacia regional
El ejercicio de esta presidencia coincide con un período en el que varios conflictos africanos siguen sin resolverse y en el que la competencia por recursos estratégicos ha cobrado mayor relevancia geopolítica. La RDC, país rico en minerales pero afectado por décadas de inestabilidad en el este, busca utilizar su posición para destacar la conexión entre la gobernanza de esos recursos y la construcción de paz sostenible. Esta aproximación, si se mantiene coherente durante el mes, podría contribuir a que otros miembros del Consejo consideren con mayor atención los factores estructurales que alimentan los conflictos, más allá de las respuestas inmediatas de seguridad.
La experiencia acumulada durante los seis primeros meses como miembro no permanente permitirá a la diplomacia congoleña identificar aliados y puntos de fricción dentro del Consejo. El éxito de esta presidencia rotatoria dependerá tanto de la capacidad de presentar propuestas concretas como de la disposición de los miembros permanentes a aceptar modificaciones en la forma de abordar los temas africanos. En un contexto de crecientes tensiones globales, el mes de julio ofrece una oportunidad limitada pero real para que la RDC influya en el debate sobre cómo el multilateralismo puede responder a las realidades del continente africano.
