Parque O’Higgins amaneció este 2 de septiembre de 2026 con calidad del aire calificada como buena. La medición reporta 18 µg/m³ de material particulado fino (MP2,5), 92 µg/m³ de MP10, 24,42 ppbv de dióxido de nitrógeno, 0,77 ppmv de monóxido de carbono y 2 ppbv de ozono. Los principales contaminantes se mantienen en rangos aceptables, una condición favorable para la permanencia al aire libre y las actividades recreativas en uno de los espacios públicos más concurridos de Santiago.

Mejora local, problema estructural
El resultado no elimina las restricciones vigentes en la Región Metropolitana. Sigue prohibido el uso de calefactores a leña, salvo pellet, en la provincia de Santiago y en San Bernardo y Puente Alto; además, continúa la restricción para vehículos y motocicletas más antiguos en días hábiles, junto con la prohibición de quemas agrícolas hasta el 30 de septiembre. Estas medidas responden a una estrategia preventiva: una jornada favorable puede deteriorarse rápidamente por emisiones acumuladas y condiciones de ventilación adversas.
Según el Índice de Calidad del Aire referido a Partículas (ICAP), la categoría buena abarca valores entre 0 y 99. La cifra de MP10 observada en el parque se sitúa dentro de ese tramo, pero cercana a su límite superior, lo que subraya la necesidad de no interpretar el reporte como una solución definitiva. El material particulado grueso proviene de fuentes móviles, procesos industriales, combustiones y polvo resuspendido, por lo que su reducción depende tanto de controles permanentes como del comportamiento cotidiano de transporte y calefacción.
El escenario de Santiago contrasta con brechas persistentes en otras zonas del país. Investigaciones recientes advierten que el sur sigue afectado por el uso intensivo de leña húmeda y por condiciones geográficas que dificultan dispersar contaminantes. En áreas industriales del norte y centro, aunque bajaron los niveles generales de dióxido de azufre, persisten episodios agudos. La buena condición en Parque O’Higgins es una señal positiva, pero también evidencia que la calidad del aire requiere políticas sostenidas y diferenciadas por territorio.
