La escalada energética derivada del cierre del estrecho de Ormuz está reconfigurando las proyecciones agrícolas globales. Según el informe conjunto de la OCDE y la FAO, la producción de cereales en países de bajos ingresos caerá un 2,3 % en 2026 y un 1,7 % en 2027, mientras que los precios del trigo, el maíz y el arroz registrarán incrementos sostenidos que superarán el 7 % en algunos casos. Este escenario no representa un shock temporal, sino una alteración estructural que amplifica las desigualdades ya existentes en el acceso a insumos clave.
El encarecimiento de los fertilizantes, que se situará en un promedio del 29 % este año y del 17 % en 2027, actúa como el principal vector de transmisión. Los países con menores reservas de divisas y mayor dependencia de importaciones de urea y fosfatos ven reducida su capacidad de mantener niveles de aplicación óptimos, lo que genera caídas diferenciadas en rendimiento por hectárea. En contraste, las economías avanzadas logran absorber parte del impacto mediante contratos a plazo y subsidios directos, limitando la contracción productiva a menos del 1 %.
Desigualdad estructural en la absorción de costos
La brecha entre países de bajos, medios y altos ingresos no obedece únicamente a diferencias de ingreso per cápita, sino a la distinta elasticidad de la demanda de fertilizantes frente a variaciones de precio. En África subsahariana y el sur de Asia, donde el gasto en insumos representa hasta un 35 % del costo total de producción, una subida del 29 % obliga a reducir dosis o abandonar cultivos de mayor exigencia nutricional. Esta decisión reduce la producción agregada y, simultáneamente, deteriora la calidad del suelo a medio plazo, creando un círculo vicioso difícil de revertir sin apoyo externo sostenido.
Los datos del informe revelan que el consumo de productos de origen animal en los países más pobres experimentará estancamiento o contracción, mientras que en economías de renta media y alta se mantendrá estable. Esta divergencia sugiere que la crisis de Ormuz no solo eleva precios, sino que modifica patrones de ingesta proteica, con consecuencias nutricionales que pueden extenderse más allá de 2027.

Reconfiguración del comercio y cadenas de suministro
Un primer análisis original apunta a que la crisis acelerará la regionalización parcial de las cadenas de fertilizantes. Países como Brasil, Argentina y Paraguay, ya líderes en exportaciones agrícolas, podrían intensificar alianzas directas con productores de insumos fuera de la zona de conflicto, reduciendo su exposición a precios spot. Esta estrategia, sin embargo, exige inversiones en logística y almacenamiento que no todos los exportadores latinoamericanos están en condiciones de realizar con igual rapidez, generando una posible concentración de ventajas competitivas en los actores más capitalizados.
Por otro lado, los grandes importadores asiáticos (India, Indonesia, Vietnam) enfrentan un dilema distinto: aumentar las compras anticipadas de cereales o aceptar una mayor volatilidad interna. La experiencia de 2022 mostró que las restricciones a la exportación de fertilizantes por parte de algunos proveedores generaron efectos cascada sobre los precios del arroz y el trigo, sugiriendo que nuevas tensiones geopolíticas podrían repetir patrones similares en 2026-2027.
Perspectivas de productores, consumidores y gobiernos
Los agricultores de renta media ven amenazada su rentabilidad precisamente cuando los precios de venta suben, porque los costos de insumos crecen más rápido que los ingresos por cosecha. Los pequeños productores de África subsahariana, en cambio, carecen incluso de la opción de endeudarse para comprar fertilizantes, lo que los empuja hacia sistemas de cultivo de baja intensidad con rendimientos estructuralmente inferiores. Los consumidores urbanos de bajos ingresos sufren una erosión directa del poder adquisitivo, mientras que los gobiernos de países importadores netos deben decidir entre subsidios crecientes o aceptar mayor inseguridad alimentaria.
La OCDE y la FAO proyectan que los ingresos medios por agricultor en los países ricos pasarán de 21.100 a 22.155 dólares en 2035, mientras que en el África subsahariana y el sur de Asia apenas subirán de 930 a 1.100 dólares. Esta disparidad persistente indica que la crisis actual no modifica la trayectoria de convergencia de ingresos, sino que la ralentiza de forma diferenciada según la capacidad fiscal de cada Estado.
Riesgos de mediano plazo y escenarios alternativos
Un riesgo relevante radica en la posible interacción entre el alza de precios agrícolas y la reducción del consumo de productos animales en países pobres. Si esta contracción se prolonga, podría generar menor demanda de piensos y, por ende, presiones adicionales sobre los productores de maíz y soja, amplificando la volatilidad en mercados ya tensionados. Otro riesgo consiste en que los ajustes en el uso de fertilizantes conduzcan a una degradación acelerada de suelos, elevando las necesidades futuras de insumos y perpetuando la dependencia de importaciones.
Las emisiones de gases de efecto invernadero del sector agrícola aumentarán un 6,5 % hasta 2035 a pesar de las mejoras de eficiencia. La crisis de Ormuz añade un factor adicional: si los países optan por expandir la producción local de fertilizantes con tecnologías menos eficientes para reducir dependencia externa, las emisiones podrían superar las proyecciones actuales. Este escenario subraya la tensión entre seguridad energética, seguridad alimentaria y objetivos climáticos, sin que exista una solución inmediata que satisfaga simultáneamente los tres objetivos.
La proyección de que los precios agrícolas se mantendrán estables o a la baja a partir de 2028 asume una resolución gradual de la crisis energética. Sin embargo, cualquier prolongación del conflicto o aparición de nuevos cuellos de botella en el suministro de gas natural podría invalidar esa trayectoria, manteniendo los precios elevados durante toda la década. Los responsables de política agrícola deben por tanto diseñar instrumentos de contingencia que contemplen tanto el escenario base como variantes más adversas.
