Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI, confirmó que la compañía desarrollará un robot humanoide como parte de su expansión hacia la robótica física. La definición, realizada durante el pódcast Sources, sitúa a la empresa detrás de ChatGPT en una competencia que hasta ahora había estado dominada por fabricantes especializados de hardware y por compañías que proveen modelos de inteligencia artificial para terceros.
Consultado sobre si la apuesta de OpenAI apuntaba a un humanoide o a una máquina orientada a centros de datos, Altman respondió que la empresa trabajará en ambas líneas. “Definitivamente haremos un humanoide. También haremos otros formatos”, señaló. Aunque no aportó detalles sobre un prototipo, un calendario industrial o una estrategia comercial, su declaración despeja una duda central sobre el alcance de la división OpenAI Robotics, puesta en marcha a fines de mayo.

La inteligencia encarnada pasa al centro de la estrategia
Altman relativizó la relevancia de la apariencia del equipo frente a la capacidad de la inteligencia que lo controle. A su juicio, el desafío principal consiste en “descifrar el cerebro” capaz de hacer que un robot actúe de forma fiable en entornos reales. Esa distinción es clave en una industria en la que los sistemas actuales han mostrado avances en percepción, manipulación y ejecución de tareas definidas, pero todavía presentan límites cuando deben adaptarse a situaciones imprevistas.
El concepto de inteligencia encarnada combina modelos de IA con sensores, actuadores, planificación de movimientos y aprendizaje a partir de la interacción física. No basta con reconocer una orden verbal o identificar objetos en una imagen: el sistema debe estimar distancias, aplicar una fuerza adecuada, evitar obstáculos y corregir sus decisiones ante cambios del entorno. La dificultad crece en hogares, hospitales, fábricas o depósitos, donde los objetos no siempre están ordenados ni las tareas siguen una secuencia repetible.
La elección de una forma humana responde, según Altman, a una cuestión práctica. “El mundo está muy diseñado para las personas”, explicó al mencionar acciones como abrir una puerta, utilizar una computadora, operar equipamiento o limpiar una cocina. Bajo esa lógica, un robot con brazos, manos y movilidad comparable a la humana podría emplear infraestructuras existentes sin exigir una adaptación integral de edificios, herramientas y mobiliario.
Un cambio para proveedores de software y fabricantes
La entrada de OpenAI en el desarrollo de cuerpos robóticos puede alterar el esquema de colaboración que ha impulsado buena parte del mercado. Nvidia, Google DeepMind y Skild AI han presentado plataformas de inteligencia que pueden operar sobre hardware fabricado por otras compañías. Gemini Robotics, por ejemplo, es compatible con equipos de Apptronik, Boston Dynamics y Franka, mientras Nvidia difundió un diseño de referencia humanoide basado en un chasis de Unitree.
Ese modelo permite que las firmas de IA concentren recursos en software, datos y capacidad de cómputo, mientras los fabricantes se ocupan de componentes mecánicos, baterías, actuadores y producción. Sin embargo, la integración vertical puede ofrecer ventajas a quienes buscan optimizar conjuntamente el modelo de inteligencia y el cuerpo físico. Las decisiones sobre sensores, articulaciones o manos determinan qué datos recoge el robot y qué tareas puede aprender con mayor eficacia.
Figure AI ya atravesó una experiencia que ilustra esa tensión. OpenAI participó en la ronda de financiación de 675 millones de dólares que Figure cerró en 2024, pero su director ejecutivo, Brett Adcock, dio por terminada la colaboración un año después para desarrollar tecnología propia. Adcock sostuvo entonces que resolver la inteligencia encarnada a gran escala exigía integrar internamente tanto la IA como el hardware, en lugar de depender de proveedores externos para una de las dos capas.
Contrataciones sin hoja de ruta pública
OpenAI no ha comunicado una fecha de lanzamiento, una meta de producción, un socio manufacturero ni imágenes de un prototipo humanoide. La compañía sí informó de una expansión de su equipo de robótica: su página de empleos incluye 19 vacantes en San Francisco, frente a las once disponibles cuando la división fue anunciada. Cuatro de esos puestos se enfocan específicamente en actuadores, además de una posición de gestión técnica dedicada a esa área.
La atención sobre actuadores sugiere que OpenAI está explorando capacidades físicas propias y no únicamente modelos de control de alto nivel. Estos componentes convierten órdenes digitales en movimiento y son decisivos para que un humanoide mantenga equilibrio, transporte objetos o manipule herramientas con precisión. También representan uno de los principales retos de coste, fiabilidad y mantenimiento para una producción a gran escala.
Altman se mostró prudente sobre la posibilidad de que un robot personal llegue pronto a cada vivienda. Reconoció que antes deberán resolverse cuestiones de infraestructura y manufactura, aunque afirmó que, a largo plazo, “todos deberían tener un robot personal”. La declaración coincide con previsiones expansivas de otros líderes del sector: Zhaopeng Chen, de Agile Robots, ha estimado que la robótica humanoide podría superar ampliamente el tamaño de la industria automotriz, mientras Elon Musk ha planteado la posibilidad de que existan mil millones de robots operando en una década.
Expectativas de mercado frente a límites técnicos
El entusiasmo inversor contrasta con las advertencias de especialistas sobre la distancia que separa las demostraciones controladas de un despliegue masivo. Gill Pratt, director ejecutivo del Toyota Research Institute y exresponsable del Robotics Challenge de DARPA, ha señalado que solo está resuelta una parte del “cerebro” robótico: los reflejos rápidos y el reconocimiento de patrones. El razonamiento causal, la comprensión del mundo físico y la capacidad de actuar con seguridad ante situaciones nuevas siguen siendo problemas abiertos.
Skild AI recaudó 1.400 millones de dólares en enero, con una valoración superior a 14.000 millones, para impulsar un sistema capaz de controlar cuerpos robóticos distintos de aquellos con los que fue entrenado. Physical Intelligence trabaja en una dirección similar con su sistema π0.7. La apuesta común es que un modelo generalizable reduzca la necesidad de programar cada robot para cada tarea, aunque esa promesa deberá probarse fuera de entornos de laboratorio.
Mientras tanto, el mercado continúa creciendo. Los envíos mundiales de humanoides alcanzaron unas 19.100 unidades durante el primer semestre de 2026, un aumento interanual del 272%, según los datos citados en el sector. Los fabricantes chinos concentraron más del 97% del total. La futura participación de OpenAI dependerá de su capacidad para convertir su ventaja en inteligencia artificial en un producto físico seguro, fabricable y competitivo en un mercado que ya avanza sin esperar su primer prototipo.
