Las autoridades de Nigeria interceptaron en el aeropuerto internacional Murtala Muhammed de Lagos 47.200 pastillas de captagón valoradas en más de 1.500 millones de nairas, unos 961.000 euros, y cerca de cuatro millones de comprimidos de opioides cuyo valor de mercado ronda los tres millones de euros, informó la Agencia Nacional de Control de Drogas (NDLEA).

La incautación de captagón se produjo el 22 de agosto, según un comunicado de la NDLEA recogido este lunes por medios locales. La agencia describió esa sustancia como un psicoestimulante de tipo anfetamínico conocido como la “droga yihadista”.
Durante esa operación fue detenido Akinbile Kazeem Aikins, de 49 años, a quien las autoridades identificaron como un presunto cabecilla del narcotráfico transfronterizo. El hombre llegó a Lagos procedente de Acra, capital de Ghana, y transportaba las pastillas ocultas dentro de jabones de baño.
Según la NDLEA, Aikins declaró que debía entregar el envío en el norte de Nigeria, una región afectada por la actividad de grupos yihadistas y bandas criminales responsables de asesinatos y secuestros masivos.
En una segunda operación realizada el 28 de agosto, agentes de la NDLEA localizaron cuatro cargamentos abandonados en la zona de importaciones del mismo aeropuerto. En conjunto contenían casi cuatro millones de pastillas de opioides y pesaban cerca de 2,8 toneladas.
Tres de los cargamentos incluían 900.000 comprimidos de Tramaking de 225 miligramos, llegados desde Bangladesh en un vuelo de RwandAir. El cuarto contenía 3.000.030 comprimidos de Tapentadol de 250 miligramos, transportados por Qatar Airways desde Ámsterdam.
La agencia señaló que los envíos permanecían bajo vigilancia porque nadie se presentó a reclamarlos. Posteriormente fueron retirados tras una inspección conjunta de agentes de la NDLEA, Aduanas y otras partes implicadas.
Tras las operaciones, el director ejecutivo de la NDLEA, el general de brigada retirado Mohamed Marwa, pidió a los agentes mantener la presión contra los narcotraficantes, a quienes acusó de ocultar sus cargamentos ilícitos incluso en productos domésticos de uso cotidiano, como el jabón.
