Netanyahu afirma que Israel domina el 60 % de Gaza mientras persisten los ataques en la capital

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El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, afirmó este miércoles durante una visita a un puesto avanzado de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) en la Franja de Gaza que su Ejército mantiene el control de una parte mayoritaria del enclave palestino y no prevé retroceder en sus posiciones. “Controlamos el territorio. No retrocedemos. Nos mantenemos firmes”, declaró ante la prensa en las cercanías de la denominada línea amarilla, acompañado por el jefe del Estado Mayor, el teniente general Eyal Zamir.

Una cifra con valor militar y político

La principal novedad de la comparecencia fue la cifra ofrecida por Netanyahu: según el mandatario, las fuerzas israelíes controlan el 60 % de la Franja de Gaza. La afirmación sitúa el mensaje oficial más allá de una descripción táctica puntual. En un conflicto marcado por operaciones terrestres, bombardeos y disputas sobre las zonas de seguridad, cuantificar el territorio bajo dominio israelí busca proyectar una imagen de permanencia y capacidad operativa.

El control territorial, sin embargo, no equivale necesariamente a una estabilización del área ni a la desaparición de la capacidad de combate de los grupos armados. En escenarios urbanos densamente poblados, mantener posiciones, vigilar corredores y asegurar rutas logísticas exige una presencia continuada. Por ello, la declaración de Netanyahu debe leerse también como una señal de que Israel considera indispensable conservar margen de maniobra militar dentro del enclave para alcanzar sus objetivos declarados.

Desarme y desmilitarización como objetivos pendientes

Netanyahu sostuvo que las FDI están haciendo “todo lo posible” para desmantelar las armas de Hamás y desmilitarizar Gaza. Añadió que el territorio palestino “ya no representará una amenaza para Israel”. Estas formulaciones resumen la finalidad estratégica que el Gobierno israelí atribuye a su campaña: impedir que Hamás u otras organizaciones armadas puedan reconstruir infraestructuras, arsenales y capacidades de ataque.

La distancia entre ese propósito y su ejecución constituye uno de los elementos centrales de la guerra. El desarme de una organización que ha operado durante años en un entorno urbano no depende exclusivamente de controlar superficies o de destruir objetivos identificados. También requiere información de inteligencia, supervisión sostenida de las zonas intervenidas y una respuesta a la cuestión de quién administrará y garantizará la seguridad de Gaza una vez que disminuya la intensidad de las operaciones militares.

La línea amarilla y la lógica de las zonas bajo control

La visita se produjo junto a la llamada línea amarilla, descrita como una delimitación entre la Franja y el territorio dominado por el Ejército israelí. Este tipo de líneas adquiere relevancia porque ordena, al menos sobre el terreno, la relación entre áreas de despliegue militar, desplazamientos de población y posibles operaciones posteriores. También puede convertirse en un punto de fricción si las partes interpretan de forma distinta su alcance o si cambia la situación operativa.

La insistencia del primer ministro en que las fuerzas israelíes no retroceden indica que la cuestión territorial está vinculada a la negociación política y a la presión militar. La permanencia en áreas determinadas puede reforzar la capacidad de Israel para condicionar futuros arreglos de seguridad, pero al mismo tiempo prolonga las exigencias de protección de sus tropas y mantiene abierta la posibilidad de incidentes en una zona donde la actividad armada no ha cesado.

Un ataque en Ciudad de Gaza mantiene la presión sobre el terreno

Mientras Netanyahu defendía la situación militar, al menos tres personas murieron el lunes en un ataque aéreo israelí contra Ciudad de Gaza. El objetivo fue un vehículo situado en el barrio de Tel al-Hawa, al suroeste de la urbe. La información disponible no precisa la identidad de las víctimas ni los motivos concretos por los que el vehículo fue atacado.

El episodio muestra que, incluso en un contexto en el que Israel afirma controlar amplias áreas, la campaña sigue dependiendo de acciones selectivas y ataques aéreos en zonas urbanas. Cada operación de este tipo tiene una doble dimensión: para Israel forma parte de la persecución de objetivos militares; para la población civil y las autoridades locales, supone una nueva fuente de riesgo, daños y desplazamiento en un enclave ya sometido a una profunda crisis humanitaria.

La disputa no se limita al mapa

La declaración de control del 60 % de Gaza introduce un dato que probablemente será utilizado para medir la evolución de la ofensiva, pero no resuelve las incógnitas esenciales del conflicto. La primera es si la presencia israelí puede traducirse en una reducción duradera de las amenazas contra Israel. La segunda es qué estructura política y administrativa podrá operar en las zonas afectadas sin una seguridad mínima. La tercera es el coste humano de una estrategia prolongada en un territorio pequeño, densamente poblado y gravemente dañado.

La visita de Netanyahu buscó subrayar determinación ante la opinión pública israelí y ante sus adversarios. No obstante, la eficacia de esa postura se evaluará menos por la extensión territorial anunciada que por su capacidad para producir un escenario de seguridad sostenible. Mientras continúen los ataques en Ciudad de Gaza y no exista una salida política definida para la administración futura del enclave, el control militar seguirá siendo una condición relevante, pero insuficiente, para cerrar el conflicto.

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