La presidenta Claudia Sheinbaum sostuvo este viernes una conversación telefónica con la mandataria interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, para evaluar la necesidad de incrementar el apoyo mexicano tras los dos terremotos que azotaron el país el miércoles. La llamada se produce luego del envío inmediato de un equipo especializado de 250 efectivos, 18 canes de búsqueda y tres aeronaves de ala fija que ya operan en las zonas más afectadas.
Durante la conferencia matutina, Sheinbaum explicó que el propósito de la comunicación era identificar requerimientos adicionales de Venezuela. El agrupamiento “Yumare” aterrizó la noche anterior y comenzó labores de rescate desde primeras horas del viernes en un sector asignado por las autoridades venezolanas. La presencia de personal militar mexicano se enmarca en una tradición de respuesta rápida que el Ejecutivo federal ha mantenido en desastres internacionales.

Cronología de la respuesta mexicana
El jueves por la tarde, apenas horas después de confirmarse la magnitud de los sismos, el gobierno de México activó el protocolo de asistencia humanitaria. El contingente incluyó dos representantes de la Secretaría de Relaciones Exteriores para coordinar con las autoridades locales y garantizar que el equipo operara dentro del marco legal venezolano. Las tres aeronaves de transporte permitieron movilizar tanto personal como equipos de rescate pesado sin depender de infraestructura dañada.
Al mediodía del viernes, el equipo ya había sido asignado a una zona específica en el estado La Guaira, donde el colapso de múltiples edificios ha concentrado la mayor cantidad de personas atrapadas. La participación de binomios caninos ha resultado especialmente útil en estructuras de gran altura que resultaron parcialmente derrumbadas.
Dimensiones de la tragedia y contexto estructural
Los sismos de 7.2 y 7.5 grados, ocurridos durante un día festivo nacional, impactaron una franja costera a 160 kilómetros al oeste de Caracas. El saldo oficial reportado por la presidencia interina de Venezuela asciende a 589 fallecidos y 2 980 heridos, aunque las autoridades advierten que estas cifras podrían incrementarse conforme avanzan las labores de remoción de escombros. Una plataforma gubernamental ya ha recibido más de 50 000 reportes de personas no localizadas.
La Guaira, principal puerto del país, concentra el mayor número de edificaciones colapsadas, incluidas varias torres residenciales de más de diez niveles. La decisión de militarizar el estado responde tanto a la necesidad de mantener el orden como a la urgencia de coordinar maquinaria pesada en zonas de alto riesgo. Venezuela enfrenta esta emergencia tras más de una década de deterioro de su infraestructura, resultado de una prolongada crisis económica que ha limitado el mantenimiento preventivo de obras civiles.
Respuesta internacional y consideraciones geopolíticas
Además de México, países como El Salvador, España, Colombia, Suiza y Alemania han desplegado equipos especializados. Estados Unidos anunció una contribución de 150 millones de dólares y una flexibilización temporal de sanciones para facilitar el ingreso de ayuda humanitaria. Esta medida representa un cambio táctico en la política hacia Venezuela, aunque su alcance práctico dependerá de la capacidad de los actores locales para canalizar los recursos sin interrupciones administrativas.
La Organización Internacional para las Migraciones estima que hasta siete millones de personas podrían verse afectadas directa o indirectamente por el desastre, considerando la vulnerabilidad acumulada de la población tras años de escasez de servicios básicos. En este escenario, la coordinación entre gobiernos resulta determinante para evitar duplicidad de esfuerzos y garantizar que la asistencia llegue a las zonas más aisladas.
Implicaciones para la diplomacia humanitaria
La decisión de México de enviar fuerzas armadas en primera instancia refleja tanto capacidad operativa como una estrategia de visibilidad internacional. Históricamente, el Ejército y la Fuerza Aérea mexicanos han participado en misiones de este tipo en Haití, Nepal y Ecuador, consolidando una imagen de actor confiable en respuesta a desastres. Sin embargo, la sostenibilidad de esta asistencia dependerá de la evolución de las necesidades en el terreno y de la disposición de Venezuela para aceptar apoyo prolongado.
La llamada entre Sheinbaum y Rodríguez abre la puerta a una posible segunda fase de ayuda que podría incluir suministros médicos, materiales de reconstrucción y apoyo logístico adicional. El éxito de esta cooperación dependerá en gran medida de la transparencia en la distribución de recursos y de la capacidad de ambos gobiernos para mantener canales de comunicación fluidos en un contexto de alta sensibilidad política.
La experiencia acumulada en desastres previos indica que la fase de rescate suele extenderse entre siete y diez días, tras los cuales el foco se desplaza hacia la atención de heridos y la provisión de albergues temporales. México ya ha demostrado disposición para acompañar ambas etapas, siempre que las autoridades venezolanas lo soliciten formalmente.
