México alberga la Copa del Mundo en un contexto de más de 100 mil personas desaparecidas. El evento deportivo genera celebraciones y promesas económicas, mientras persiste una realidad de impunidad que afecta directamente a miles de familias. La cobertura oficial omite sistemáticamente este trasfondo.

El Feminismo Centrado en la Persona, propuesto por la autora, rechaza tanto cuotas simbólicas como discursos superficiales. Su enfoque exige reconocer la dignidad concreta de cada víctima: madres que buscan restos, hermanas que marchan y comunidades sin respuesta judicial. Esta perspectiva vincula el “juego limpio” exigido en el fútbol con la ausencia de reglas efectivas en la vida cotidiana.
Contraste entre VAR y realidad
En el campo, el VAR revisa cada milímetro y sanciona infracciones mínimas. Fuera de él, la impunidad funciona como norma: menos del 5 % de los casos de desaparición alcanzan sentencia. El texto señala esta incoherencia como una forma de esquizofrenia social que permite que el balón siga rodando mientras se ignora la violencia estructural.
Exigencia de congruencia
La columna argumenta que la capacidad de emoción por un gol debe corresponderse con la indignación ante la injusticia diaria. Propone que el Mundial funcione como megáfono para visibilizar la deuda humanitaria pendiente, en lugar de actuar como anestésico colectivo. La verdadera competencia, concluye, se libra en la construcción de un país donde la violencia no sea el lenguaje predominante y todos accedan a las mismas oportunidades.
