Los productos de cuidado del cabello comercializados para mujeres pueden costar, en promedio, 48 por ciento más que sus equivalentes dirigidos a hombres, según un estudio del Departamento de Asuntos del Consumidor de la Ciudad de Nueva York. La investigación revisó más de 800 productos y encontró diferencias de precio en artículos cuya composición o función podía ser equivalente, pero que se vendían con envases, colores o mensajes asociados a un género específico.
La mayor diferencia aparece en champús y acondicionadores
El análisis comparó juguetes, ropa infantil, prendas para adultos, artículos de cuidado personal y productos para el hogar disponibles en la ciudad. Dentro de esas categorías, el cuidado capilar concentró la brecha más elevada: las consumidoras pagan más por productos como champú, acondicionador y gel. El dato sitúa a esta categoría por encima de otras diferencias detectadas en bienes de uso cotidiano.

Los rastrillos etiquetados para mujeres fueron otro de los ejemplos señalados por el estudio. Su precio resultó 11 por ciento superior al de las versiones masculinas comparables. Desodorantes, rastrillos y otros artículos de despensa o higiene permiten observar con facilidad este tipo de distinciones, porque suelen venderse en presentaciones paralelas diferenciadas principalmente por su promoción hacia hombres o mujeres.
La comisionada vinculó el sobreprecio con la desigualdad
Julie Menin, comisionada de la DCA y responsable de la investigación, sostuvo que las cifras muestran una forma insidiosa de discriminación de género. Su planteamiento relacionó estas diferencias con la brecha salarial existente entre hombres y mujeres: un precio superior en compras recurrentes puede tener un peso distinto para quienes ya reciben menores ingresos por su trabajo.
El informe no se limitó a los artículos de higiene. También examinó ropa y juguetes para niños, así como vestimenta de adultos y productos del hogar. La amplitud de los rubros revisados permitió identificar que el precio puede variar por la segmentación de género incluso cuando los bienes cumplen una finalidad similar. En ese contexto, el uso del rosa u otros códigos visuales como señal de una versión femenina aparece asociado a estereotipos de género y a la demanda de productos adaptados de forma personal.
Las diferencias mencionadas también alcanzan servicios. El texto cita el costo de los cortes de cabello en peluquerías, donde normalmente se cobra más por un corte para mujer. En este caso, la comparación no establece que todos los servicios sean idénticos, pero ilustra que la separación de tarifas por género puede extenderse más allá de los productos empaquetados.
Los seguros tienen reglas distintas en Estados Unidos
La nota también menciona el caso de los seguros en Europa, donde las compañías pueden cobrar más a las mujeres debido a que viven más tiempo. En Estados Unidos, la Ley de Asistencia Asequible impide que las aseguradoras utilicen el género como factor para determinar el costo de la cobertura.
