Los gatos domésticos pueden extrañar a las personas con las que conviven: identifican sus rutinas, olor corporal y tono de voz, según investigaciones sobre comportamiento animal de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la UNAM. Cuando falta un cuidador significativo, pueden modificar su conducta y buscar formas de regularse.

Entre las señales más frecuentes están esperar cerca de la puerta o ventana a la hora habitual de regreso, acostarse sobre ropa o camas con el aroma familiar y seguir al tutor al volver. También pueden maullar, pedir contacto físico o frotarse contra sus piernas para depositar feromonas y reincorporarlo a su territorio.
Los manuales avalados por la UNAM precisan que el afecto felino suele ser menos efusivo que el canino. Recostarse boca arriba y mostrar el abdomen puede expresar seguridad, aunque no necesariamente una invitación a tocarlo. La genética, las experiencias y la socialización temprana influyen en qué tan sociable o reservado es cada animal.
Los gatos conservan control sobre la duración del contacto y pueden marcar distancia cuando consideran suficiente la interacción. Su autonomía no excluye el apego: cuando se acercan, lo hacen bajo sus propios códigos de comunicación y confianza.
