Ocho años después de la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia, sus principales proyectos de infraestructura acumulan pérdidas, sobrecostos y resultados por debajo de lo prometido. Una serie de reportajes de El Universal, presentada por el columnista Carlos Loret de Mola como un “octavo informe” del exmandatario, expone la carga financiera y operativa que heredó Claudia Sheinbaum.

Costos crecientes y baja rentabilidad
Mexicana de Aviación pierde alrededor de 2.5 millones de pesos diarios, ha requerido casi 40 mil millones del erario y mantiene cerca de la mitad de sus asientos vacíos. El Tren Maya registra pérdidas por 14 mil millones y volvió a descarrilarse recientemente. En el Tren Interoceánico, el costo pasó de 20 mil a 62 mil millones de pesos; sus ingresos apenas cubren 3% de los gastos operativos y seis siniestros han dejado 14 muertos.
La refinería de Dos Bocas opera al 41% de su capacidad y costó 21 mil millones de dólares, frente a los 8 mil millones prometidos inicialmente. Gas Bienestar no se expandió fuera de la Ciudad de México: opera sólo en nueve alcaldías, acumula 7 mil millones de pesos entre inversión y costos, y no reporta utilidades netas.
El Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles continúa por debajo de sus metas de pasajeros, mientras la Megafarmacia dejó de funcionar como solución al desabasto y es descrita como un edificio abandonado. LitioMx, creada para explotar ese mineral, tampoco extrae litio y ha gastado 40 millones de pesos principalmente en nómina.
El problema para Sheinbaum no es sólo financiero. Aunque su gobierno ha reducido presupuestos, limitado operaciones o dejado algunos proyectos en el abandono, evita cancelarlos de manera frontal por su peso político. Esa estrategia disminuye el costo inmediato, pero prolonga el mantenimiento de obras con baja utilidad pública. El balance citado no incluye otros pasivos del sexenio, como inseguridad, corrupción, deuda y deterioro crediticio, por lo que el costo completo del legado aún podría ser mayor.
