Donald Trump amenazó con nuevos ataques contra Irán después de que Teherán lanzara misiles contra dos bases aéreas estadounidenses en Jordania. La acción fue presentada como represalia por un ataque de Washington en la isla iraní de Larak, donde Estados Unidos aseguró haber destruido lanzadores vinculados a minas en el Estrecho de Ormuz.

Presión económica, riesgo militar
El cruce directo de ataques rompe, al menos parcialmente, la lógica de un conflicto que se había desplazado hacia sanciones, bloqueos y coerción financiera. Trump afirmó que habrá una respuesta, aunque negó que ello implique una vuelta inmediata a una guerra a gran escala. También sostuvo que no ve razón para emplear armas nucleares porque Irán estaría militarmente derrotado.
La escalada coincide con un incidente marítimo: un petrolero fue alcanzado por tres proyectiles no identificados en el Estrecho de Ormuz, sin víctimas ni daños ambientales reportados. La vía estratégica para ambos países pasa por esa ruta, clave para el comercio energético mundial, por lo que cualquier ataque allí amplía el impacto potencial más allá del frente bilateral.
Washington endurece el cerco
En paralelo, el Tesoro estadounidense prevé anunciar sanciones secundarias semanales, inicialmente contra bancos que mantengan vínculos con Irán. La llamada Operación Marginado Económico busca obligar a gobiernos e instituciones financieras del G20 a elegir entre operar con Teherán o exponerse a castigos de Washington. La combinación de presión financiera y represalias militares eleva el riesgo de errores de cálculo, aun cuando ninguna parte declare buscar una guerra abierta.
