La posible sustitución del nombre de Doris Miller reabre el debate sobre memoria y costos navales

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La Armada de Estados Unidos estudia cambiar la denominación prevista para su próximo portaaviones nuclear de la clase Gerald R. Ford, el CVN-81, que hasta ahora estaba destinado a llamarse USS Doris Miller. De acuerdo con información divulgada por CNN el 20 de agosto, entre las alternativas consideradas figura el nombre USS Donald Trump. La decisión no ha sido formalizada por la Armada ni por el Departamento de la Guerra, pero ha adquirido relevancia por su dimensión histórica y por coincidir con una revisión técnica y presupuestaria del programa.

El eventual cambio eliminaría el homenaje a Doris Miller, el primer marinero afroamericano distinguido con la Navy Cross, la segunda condecoración militar más alta de Estados Unidos. Miller fue reconocido por su actuación durante el ataque japonés contra Pearl Harbor, el 7 de diciembre de 1941, cuando ayudó a evacuar a compañeros heridos y operó una ametralladora antiaérea pese a no haber recibido instrucción formal para esa tarea. Su nombre fue anunciado para el portaaviones hace seis años, durante la primera administración Trump.

Un reconocimiento con peso institucional

La designación USS Doris Miller fue presentada como un hito para la Marina estadounidense por dos razones: sería el primer portaaviones del país bautizado en honor a una persona afroamericana y el primero en llevar el nombre de un marinero condecorado con la Navy Cross. Por ello, la discusión supera la cuestión protocolaria habitual en el nombramiento de buques. Para sus defensores, conservar la denominación supone mantener un reconocimiento a la contribución de los marineros afroamericanos en una institución cuya historia estuvo marcada durante décadas por la segregación racial y por restricciones de acceso a funciones de combate.

Un cambio a favor del nombre de Donald Trump, si se aprueba, trasladaría el foco desde una figura militar vinculada a un episodio decisivo de la Segunda Guerra Mundial hacia un presidente contemporáneo. La práctica estadounidense ha incluido portaaviones dedicados a mandatarios, como los USS Gerald R. Ford, George H. W. Bush, Ronald Reagan y John F. Kennedy. Sin embargo, retirar una designación previamente anunciada para sustituirla por otra tiene una carga distinta: no se trataría solo de añadir un nuevo nombre al repertorio naval, sino de cancelar un tributo que ya había sido asociado a la representación histórica dentro de la fuerza.

El buque sigue identificado oficialmente como CVN-81

La ausencia de una resolución definitiva se refleja en el uso cada vez más frecuente de la designación técnica CVN-81 en documentos internos y comunicaciones oficiales. Según la información difundida, el memorando presidencial del 13 de agosto identificó al navío únicamente por ese código, sin mencionar a Doris Miller. Esa referencia alimentó las especulaciones antes de que CNN informara que la Armada evaluaba nombres alternativos. La nomenclatura técnica permite mantener abierto el proceso administrativo, aunque la reiteración de su uso ha sido interpretada como una señal de que el nombre anunciado podría no estar consolidado.

El CVN-81 forma parte de la cuarta unidad de la clase Gerald R. Ford, la generación más reciente de portaaviones de propulsión nuclear de Estados Unidos. Fue adquirido en enero de 2019 junto con el CVN-80 USS Enterprise, mediante un acuerdo valorado en 15.200 millones de dólares. El primer corte de acero se realizó el 25 de agosto de 2021 y la puesta de quilla está prevista para finales de 2026. La entrega, sin embargo, no se espera hasta febrero de 2034, una fecha posterior a la contemplada inicialmente.

Costos y capacidad industrial, en el centro de la revisión

El debate sobre el nombre se desarrolla en paralelo a una evaluación de cambios en la configuración del portaaviones. La Casa Blanca analiza la posibilidad de cancelar un contrato de 1.200 millones de dólares con General Atomics para suministrar el Sistema Electromagnético de Lanzamiento de Aeronaves, conocido como EMALS. Ese sistema sustituye las catapultas de vapor de generaciones anteriores y es una de las innovaciones principales de los buques de la clase Ford.

Entre las opciones examinadas figura volver a las catapultas de vapor tradicionales y reemplazar los elevadores avanzados de armamento por elevadores hidráulicos convencionales. También se contempla adelantar la isla del portaaviones 72,6 metros respecto de la posición utilizada en los primeros navíos de la clase. Tales modificaciones apuntan a reducir costos y a simplificar algunos componentes, pero tendrían que ser evaluadas frente a las implicaciones de rediseñar un buque cuya construcción ya está en marcha y cuya arquitectura fue concebida alrededor de nuevas tecnologías.

La revisión responde, además, a problemas de capacidad industrial. Newport News Shipbuilding, en Virginia, es el astillero responsable de construir el CVN-81, pero sus limitaciones de espacio han afectado el ritmo previsto para fabricar y ensamblar los módulos del buque. El retraso hasta 2034 ilustra una dificultad más amplia para la Marina: renovar sus grandes plataformas de combate exige presupuestos sostenidos, proveedores especializados y una infraestructura naval capaz de trabajar simultáneamente en nuevos programas, reparaciones y mantenimiento de la flota existente.

Una decisión pendiente antes de la puesta de quilla

La cercanía de la ceremonia de puesta de quilla convierte las próximas semanas en un momento relevante para definir tanto la identidad pública del buque como el alcance de sus cambios técnicos. Una decisión temprana podría reducir incertidumbres administrativas y de comunicación, aunque no eliminaría los retos de calendario derivados de la capacidad del astillero. Mantener el nombre Doris Miller preservaría el criterio histórico establecido al anunciarse el programa; cambiarlo supondría reabrir la discusión sobre cómo la Armada selecciona los símbolos asociados a sus unidades más visibles.

Por ahora, la información disponible no confirma que el CVN-81 vaya a llamarse Donald Trump ni que se abandonen los sistemas EMALS y los elevadores avanzados. Ambas cuestiones siguen bajo revisión. La coincidencia entre la posible modificación simbólica y el examen de costos revela que el futuro portaaviones se ha convertido en un punto de encuentro entre memoria institucional, prioridades políticas y las presiones industriales que condicionan la modernización naval estadounidense.

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