La IA amplía las capacidades laborales en Colombia, pero las empresas aún no acompañan el cambio

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La inteligencia artificial está pasando de ser una herramienta para resolver tareas aisladas a convertirse en un componente de la forma en que se organiza el trabajo en Colombia. El 63% de los trabajadores que utilizan esta tecnología en el país afirma que actualmente puede realizar labores que no estaba en condiciones de hacer hace un año. El porcentaje supera en cinco puntos el promedio global registrado por Microsoft en su Work Trend Index 2026.

El dato no describe únicamente una mayor frecuencia de uso de asistentes digitales. Apunta a un cambio más profundo: trabajadores que amplían sus capacidades, asumen actividades nuevas y participan en procesos que antes requerían más tiempo, conocimientos especializados o apoyo de otras personas. Sin embargo, la medición también muestra que esa transformación individual avanza más rápido que la adaptación de muchas organizaciones.

La adopción dejó atrás la etapa de la herramienta puntual

El informe de Microsoft combina el análisis de billones de señales de productividad anonimizadas de Microsoft 365 con una encuesta realizada a 20.000 trabajadores que usan inteligencia artificial en distintos mercados. Sus resultados sugieren que las empresas están entrando en una fase de rediseño de procesos, funciones y modelos de colaboración, en lugar de limitarse a incorporar aplicaciones para redactar textos, resumir documentos o automatizar tareas repetitivas.

Esta transición modifica el centro de la discusión. La pregunta ya no es solamente cuántas personas tienen acceso a una herramienta, sino cómo se distribuyen las responsabilidades cuando una parte del trabajo puede ser ejecutada o asistida por sistemas automatizados. La respuesta exige definir qué decisiones permanecen bajo control humano, qué estándares deben cumplir los resultados y quién responde cuando una recomendación generada por IA es incorrecta.

El temor a quedarse atrás acompaña el entusiasmo

La velocidad del cambio también está generando presión. Siete de cada diez usuarios colombianos de IA, el 70%, temen quedarse atrás si no adoptan la tecnología con rapidez. La proporción es cinco puntos porcentuales superior al promedio mundial y revela que la incorporación de estas herramientas no se percibe únicamente como una oportunidad de productividad, sino también como una condición para conservar competitividad profesional.

Ese sentimiento de urgencia puede impulsar el aprendizaje, pero también favorecer usos apresurados o poco supervisados. El temor a perder relevancia puede llevar a algunas personas y equipos a priorizar la velocidad sobre la verificación, la protección de información o la comprensión de los límites del sistema. Por eso, la presión por adoptar IA necesita acompañarse de capacitación, reglas claras y espacios para experimentar sin convertir cada error en un costo operativo.

El criterio humano sigue siendo el principal filtro

Los trabajadores encuestados no parecen delegar de manera ciega en la tecnología. El 87% afirma que utiliza la IA como punto de partida y no como respuesta definitiva. Además, el 52% considera que el pensamiento crítico es una habilidad esencial, mientras que el 50% identifica el control de calidad de los resultados como una condición clave para aprovecharla de forma efectiva.

Estos porcentajes son relevantes porque desplazan la idea de que la eficiencia consiste simplemente en producir más contenido o completar más tareas. En contextos donde una respuesta puede contener errores, sesgos o información desactualizada, la capacidad de formular preguntas, contrastar fuentes y evaluar consecuencias adquiere un valor central. La productividad, por tanto, no depende solo de generar una respuesta con rapidez, sino de determinar si esa respuesta sirve para tomar una decisión responsable.

Los “profesionales frontera” cambian la división de tareas

El estudio identifica como “profesionales frontera” a los usuarios avanzados que incorporan la IA de manera estratégica en sus actividades y desarrollan nuevas formas de colaboración con agentes. En Colombia, este grupo representa el 17% de los profesionales. Su diferencia no radica únicamente en utilizar la tecnología con mayor frecuencia, sino en decidir deliberadamente qué parte de una tarea debe realizar una persona y cuál puede asumir un sistema.

El 52% de los profesionales frontera del país afirma que se detiene antes de comenzar una labor para establecer esa división, frente al 38% de quienes no pertenecen a la categoría. La práctica parece sencilla, pero tiene implicaciones importantes: obliga a descomponer el trabajo, identificar riesgos y conservar en manos humanas las actividades que requieren juicio, contexto, empatía o responsabilidad directa.

Con la expansión de los agentes de IA, es probable que disminuya el peso de ciertas tareas tácticas y repetitivas. Al mismo tiempo, aumentará la demanda de personas capaces de diseñar flujos de trabajo, establecer criterios de calidad, revisar resultados y coordinar procesos entre equipos y sistemas. La transformación no elimina automáticamente la necesidad de capacidades profesionales; cambia el tipo de capacidades que se vuelven decisivas.

La brecha organizacional limita el alcance del cambio

El principal punto de tensión aparece en la respuesta de las empresas. Solo el 28% de los usuarios colombianos de IA considera que el liderazgo de su organización está alineado frente a esta tecnología. Además, apenas el 15% afirma que se recompensa la reinvención del trabajo incluso cuando no genera resultados inmediatos.

La falta de alineación puede producir una adopción fragmentada: empleados que utilizan herramientas por iniciativa propia, pero sin criterios comunes sobre seguridad, confidencialidad, supervisión o medición de resultados. En ese escenario, el beneficio individual no necesariamente se convierte en una mejora institucional. Incluso puede aumentar la duplicación de esfuerzos o crear riesgos si cada área aplica reglas distintas.

El Work Trend Index 2026 señala que, a escala global, la cultura, el respaldo de los líderes y las prácticas de talento tienen más del doble de impacto en la adopción de IA que factores individuales como la mentalidad o el comportamiento de los trabajadores. El hallazgo sitúa la responsabilidad en un nivel más amplio: las empresas no solo deben autorizar el uso de tecnología, sino rediseñar incentivos, funciones y procesos para que la experimentación tenga dirección y continuidad.

El reto es convertir el uso individual en capacidad colectiva

Colombia muestra señales de una adopción más madura: los trabajadores están ampliando lo que pueden hacer y, al mismo tiempo, reconocen que la supervisión humana continúa siendo indispensable. La siguiente etapa dependerá menos de sumar aplicaciones y más de construir condiciones para utilizarlas con propósito.

Daniel Verswyvel, gerente general de Microsoft Sudamérica Hispana, sostuvo que el impacto de la IA dependerá de la claridad con que los líderes definan procesos, estándares, roles y espacios de experimentación. Esa claridad será determinante para que la tecnología no se reduzca a una ventaja individual de algunos empleados, sino que se traduzca en mejores decisiones, nuevas oportunidades de aprendizaje y modelos de trabajo sostenibles.

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