Según la Encuesta Nacional sobre Diversidad Sexual y de Género 2022, 5 millones de mexicanos mayores de 15 años se identifican como LGBTIQ+, el 5,1 % de esa franja etaria. El 61,1 % es económicamente activo y el 11,9 % participa en actividades deportivas o culturales. Sin embargo, el INEGI no registra cuántos trabajan en el sector cultural ni su aportación al PIB creativo.

Esta ausencia de datos impide diseñar políticas públicas dirigidas a artistas y gestores LGBTIQ+. Históricamente, el teatro, la literatura y las artes visuales fueron espacios tempranos de visibilidad para esta comunidad, pero hoy carecemos de indicadores sobre empleo, acceso a becas o circuitos de exhibición.
Ejemplos de trayectorias destacadas
Nombres como Horacio Franco (Medalla Bellas Artes 2024), Jesús Rodríguez (más de 300 espectáculos), Fabián Cháirez (polémica en Bellas Artes) y Julián Hernández (dos Teddy Awards) muestran una presencia consolidada. Aun así, estos casos siguen siendo excepciones sin respaldo estadístico.
A nivel internacional, UNESCO y GLAAD reportan mayor riesgo de acoso y representaciones estereotipadas, mientras que solo cuatro países cuentan con indicadores específicos. México carece de cualquier medición comparable, lo que deja sin cuantificar un ámbito reconocido como clave para la construcción de identidad y redes de apoyo.
La brecha estadística no es solo técnica: limita el reconocimiento de una fuerza laboral numerosa que ya contribuye de forma tangible a la producción cultural del país.
