El líder norcoreano Kim Jong Un supervisó el viernes ensayos de artillería y misiles de alcance ampliado, en el marco del 76 aniversario del inicio de la guerra de Corea. Las pruebas buscan reforzar la disuasión mediante sistemas actualizados que, según KCNA, alcanzan hasta 90 kilómetros y pueden impactar Seúl desde la frontera.

El momento elegido no es casual: coincide con el armisticio de 1953, que dejó técnicamente en guerra a las dos Coreas. Pyongyang designa de nuevo a Seúl como “enemigo principal” pese a los gestos del presidente Lee Jae Myung, y vincula estas mejoras al plan quinquenal de modernización militar. Las ojivas apuntan explícitamente a aeródromos, puertos e infraestructuras críticas.
Implicaciones regionales
El alcance renovado de los lanzadores múltiples multiplica la presión sobre la capital surcoreana y eleva el umbral de respuesta requerido por Seúl y Washington. Al mismo tiempo, el mensaje de Kim sobre mantener al adversario “en estado de miedo constante” revela una estrategia de disuasión psicológica que complementa el acercamiento militar con Rusia observado en meses recientes.
Estas pruebas confirman que Pyongyang prioriza la sustitución acelerada de sistemas de largo alcance por versiones mejoradas, reduciendo el margen de maniobra diplomática y endureciendo el equilibrio de seguridad en la península.
