El ministro de Defensa de Israel, Israel Katz, afirmó este miércoles que cerca del 70 % de la Franja de Gaza se encuentra “en esencia, desolado”, una valoración que sitúa el nivel de destrucción y despoblamiento del enclave en el centro del debate sobre la continuidad de las operaciones militares y sobre los planes internacionales para la posguerra. En una entrevista con medios locales, Katz sostuvo que esas áreas carecen de habitantes, viviendas y túneles, y señaló que la mayor parte de las operaciones israelíes ya ha concluido.
Las declaraciones describen una situación territorial de enorme alcance en una franja palestina densamente poblada antes del inicio de la actual fase del conflicto. Katz vinculó la ausencia de construcciones y de población con los objetivos de seguridad de Israel, al tiempo que indicó que las Fuerzas de Defensa de Israel continúan desplegadas porque todavía les queda “trabajo por hacer”. No precisó qué zonas concretas están incluidas en el cálculo del 70 %, ni ofreció una estimación sobre el número de personas desplazadas o sobre el estado de los servicios civiles en esos sectores.

Una franja de seguridad convertida en zona destruida
La posición expuesta por Katz amplía declaraciones realizadas en agosto, cuando afirmó que la franja de seguridad establecida por las fuerzas israelíes dentro de Gaza cubría entre el 50 % y el 60 % del territorio palestino. Según explicó entonces, esa zona se encontraba en ruinas como resultado de una política destinada a impedir la reaparición de amenazas contra Israel. “No hay casas, no hay amenazas”, declaró, al comparar ese enfoque con la actuación israelí en el sur del Líbano.
La diferencia entre la estimación anterior de una franja de seguridad de hasta el 60 % y el actual cálculo de un 70 % de territorio desolado sugiere que, para el Ministerio de Defensa, la afectación territorial se extiende más allá de las áreas formalmente definidas como cinturón de seguridad. Sin embargo, la terminología empleada deja abiertas cuestiones relevantes: una zona sin viviendas o sin población permanente puede seguir albergando infraestructuras civiles dañadas, desplazados temporales o actividades militares, y la ausencia de túneles no equivale por sí sola a una evaluación verificable de la seguridad a largo plazo.
La continuidad de la presencia militar israelí añade otra dimensión al escenario. Katz presenta el despliegue como una fase residual de una operación mayoritariamente completada, pero no estableció un calendario para una retirada ni detalló las condiciones necesarias para considerar terminada la misión. Esa falta de definición mantiene incierto el horizonte inmediato para la administración civil, el retorno de habitantes y el inicio de una reconstrucción sostenida en las zonas más afectadas.
El desacuerdo sobre la salida política
Las declaraciones del ministro coinciden con un nuevo choque entre el Gobierno israelí y la Casa Blanca respecto al futuro de Gaza. El primer ministro Benjamin Netanyahu anunció que rechaza por completo el plan estadounidense para el enclave palestino, al sostener que no se ha producido el desarme prometido de Hamás. La postura sitúa la cuestión de la desmilitarización como una condición previa para cualquier fórmula de transición que implique una retirada israelí más amplia.
El proyecto impulsado por el presidente estadounidense Donald Trump contempla, según la información difundida, la retirada completa de Israel, el restablecimiento de la vida cotidiana, una administración palestina, la reconstrucción y una vía política hacia la autodeterminación. Sus componentes conectan asuntos que dependen unos de otros: la retirada requiere garantías de seguridad, la reconstrucción necesita acceso y estabilidad, y una administración palestina viable presupone instituciones con capacidad efectiva sobre el territorio.
El rechazo de Netanyahu evidencia que ese encadenamiento sigue bloqueado por desacuerdos sobre el orden de las medidas y sobre quién debe verificar su cumplimiento. Para Israel, el desarme de Hamás aparece como una exigencia central antes de renunciar al control militar. Para cualquier proyecto de normalización, en cambio, la ausencia de una retirada definida y el alcance de la destrucción descrita por Katz dificultan la recuperación de servicios, viviendas y actividad económica. El plan estadounidense plantea simultáneamente seguridad, gobernanza y reconstrucción, pero el desacuerdo político impide por ahora convertir esos objetivos en una hoja de ruta aceptada.
Reconstrucción y control territorial, retos inseparables
La afirmación de que amplias extensiones de Gaza no tienen viviendas subraya la dimensión material del desafío posterior a los combates. La reconstrucción no se limita a levantar edificios: requiere restablecer redes de agua, electricidad, saneamiento, atención médica, educación y transporte, además de determinar el acceso a la tierra y las condiciones de seguridad para residentes, personal humanitario y empresas constructoras. Cuanto mayor sea el territorio afectado, mayor será la necesidad de coordinación política y de financiación prolongada.
También persiste una tensión entre la lógica de la franja de seguridad expuesta por Katz y la promesa de una retirada israelí completa incluida en el plan de Washington. Una zona concebida para impedir amenazas puede ofrecer a Israel una percepción de control inmediato, pero su mantenimiento prolongado condicionaría la continuidad territorial y administrativa de Gaza. A la inversa, una retirada sin mecanismos consensuados de seguridad dejaría sin resolver la objeción formulada por Netanyahu sobre Hamás.
Por ahora, las declaraciones israelíes reflejan una prioridad oficial centrada en consolidar resultados militares antes de aceptar un marco político de transición. El plan estadounidense, en cambio, propone que la recuperación de la vida civil y la gobernanza palestina formen parte de la salida del conflicto. La distancia entre ambos enfoques no es solo diplomática: determinará qué autoridad ejerce el control sobre Gaza, cuándo podrían regresar sus habitantes a las áreas devastadas y bajo qué condiciones podría comenzar una reconstrucción que no quede subordinada indefinidamente a la lógica militar.
