Irán rechazó la amenaza de nuevas sanciones económicas de Estados Unidos y aseguró que la ofensiva de Washington fracasará. El ministro de Exteriores, Abbas Araqchi, afirmó que el regreso a las medidas de presión refleja las dificultades estadounidenses para alcanzar sus objetivos tras meses de enfrentamiento militar.
Más presión sobre Teherán
El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, anunció que el Gobierno de Donald Trump prepara “las sanciones más duras de la historia”, cuyo alcance será detallado este lunes. La estrategia busca ampliar el aislamiento financiero y comercial iraní e incluir a países y empresas que mantengan vínculos económicos con Teherán.

China aparece como el principal foco de la presión estadounidense, debido a su papel como destino predominante del petróleo iraní. Washington también advirtió que cualquier Estado que proporcione “cualquier tipo de salvavidas” a Irán afrontará consecuencias. El objetivo es dificultar los ingresos energéticos que permiten a Teherán sostener su economía y su capacidad de resistencia.
La amenaza llega en un contexto especialmente frágil para Irán. Las sanciones ya afectan sectores esenciales, mientras el conflicto iniciado a finales de febrero ha dañado infraestructuras y capacidades militares. Las restricciones al tránsito marítimo en el estrecho de Ormuz, una ruta clave para el comercio mundial de petróleo, han reducido los cargamentos y contribuido al alza internacional del crudo.
Araqchi sostuvo que los bloqueos y las operaciones militares anteriores tampoco modificaron la posición iraní, aunque reclamó una salida negociada basada en “la justicia y el honor”. El presidente del Parlamento, Mohammad Baqer Qalibaf, defendió una mayor cooperación económica regional, mientras Pakistán prepara una visita a Teherán para intentar reducir las tensiones. El margen diplomático sigue abierto, pero el nuevo paquete de sanciones puede intensificar la presión sobre los mercados energéticos y elevar el riesgo de una escalada regional.
