La presidenta Claudia Sheinbaum y la secretaria de Agricultura de Estados Unidos, Brooke Rollins, inauguraron el 28 de junio de 2026 una planta de producción de moscas estériles en Metapa de Domínguez, Chiapas. La instalación, financiada por el gobierno estadounidense con 83.8 millones de dólares, busca contener la propagación del gusano barrenador del ganado, un parásito que reapareció en la región a finales de 2024 y generó restricciones temporales a las exportaciones mexicanas de carne.

El gusano barrenador, causado por la mosca Cochliomyia hominivorax, afecta principalmente al ganado pero también puede infectar a otros mamíferos. Su presencia en Chiapas obligó a México y Estados Unidos a reforzar los controles sanitarios en la frontera sur. La técnica de insectos estériles, aplicada desde hace décadas en campañas regionales, consiste en criar y liberar machos estériles que compiten con los silvestres y reducen la reproducción de la plaga. La nueva planta alcanzará progresivamente una capacidad de 100 millones de moscas por semana, lo que permitirá cubrir zonas de alto riesgo en México y Centroamérica.
Cooperación bilateral y controles sanitarios
El evento contó con la participación del embajador de Estados Unidos, Ronald Douglas Johnson, y la titular de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural, Columba Jazmín López. Ambos gobiernos destacaron que la relación debe basarse en la cooperación técnica y el respeto mutuo. Esta postura resulta consistente con los mecanismos de trabajo conjunto que han operado desde la erradicación original del parásito en México en la década de 1990. La reapertura de la frontera al ganado mexicano dependerá de que los datos de monitoreo demuestren una reducción sostenida de casos.
La inversión estadounidense no solo responde a preocupaciones sanitarias locales. Estados Unidos importa volúmenes significativos de carne y ganado en pie desde México; cualquier brote prolongado afecta directamente los precios y la disponibilidad de producto en el mercado norteamericano. Por ello, la planta funciona como una medida preventiva que beneficia a los dos países y reduce el riesgo de que la plaga avance hacia el norte.
Impacto económico y expectativas regionales
Las restricciones de 2024 demostraron la vulnerabilidad del sector ganadero chiapaneco. Los productores enfrentaron pérdidas por animales enfermos, costos adicionales de tratamiento y la suspensión temporal de envíos. La nueva infraestructura busca acortar esos periodos de incertidumbre y restaurar la confianza de los compradores internacionales. Sin embargo, el éxito dependerá también de la vigilancia constante en campo y de la colaboración con los ganaderos locales para reportar casos de manera oportuna.
Analistas del sector agropecuario señalan que la planta representa un avance técnico, pero advierten que el cambio climático y el movimiento de animales sin control pueden facilitar nuevos brotes. Por tanto, la estrategia de liberación de moscas estériles deberá complementarse con programas de educación sanitaria y mejoramiento de los sistemas de trazabilidad.
El proyecto ilustra cómo los temas sanitarios trascienden las fronteras y requieren respuestas coordinadas. La participación conjunta de México y Estados Unidos en esta instalación refuerza un modelo de cooperación que ya ha dado resultados en otras campañas contra plagas y enfermedades animales en la región.
